Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei

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Vivimos en una era de contradicciones. De luchar contra la corriente. Mientras que la fuerza del río nos impulsa a vivir vidas frenéticas, sin tiempo para pensar, con todas nuestras horas y minutos programadas, hay voces que surgen y llaman a una resistencia. Una de estas voces es la editorial Errata Naturae, especializada en libros de ensayos de la naturaleza en la estela de Threau y su pensamiento naturalista. No es extraño pues ver al poeta Kamo no Chōmei en su catálogo. Pensamientos desde mi cabaña es un brevísimo ensayo que Kamo no Chōmei escribió como una reflexión desde la experiencia que concede la adultez y el asomo del final del camino sobre, en general, todo. Sobre la vida. Sobre cómo vivimos. Sobre cómo vivir. Cabe destacar que la edición de Errata Naturae trae un prólogo de Natsume Sōseki, un postfacio de Jacqueline Pigeot y un texto sobre el poeta de Tamamura Kyo. Todo ello con las excelentes traducciones de Kazuya Sakai (traducción de 1966), Sara Pintado, Guillermo de Eugenio y Bruno Mattiussi.

Pensamientos desde mi cabaña de Kamo no Chōmei es, literalmente, una reflexión extendida que el poeta arroja al mundo. Un mensaje en una botella. La vida ermitaña de Kamo no Chōmei cambió su perspectiva de la vida y en una era donde los contrastes en la sociedad japonesa eran tan enormes, arroja algo de luz que descubre las manchas de una era que conocemos por la literatura. La era Heian. La era de las cortes, del origen de la primera novela moderna, de los grandes emperadores, de las grandes gestas. Pero también de la hambruna, de la pobreza, de los campesinos muriendo a cortísimas edades, y de un país que sufría.

El libro se divide en varias partes. El texto de Kamo no Chōmei es breve y ocupa aproximadamente la mitad del libro. Sus primeras palabras aclaran la intencionalidad budista en el propio texto, y quizá esto choque con algunos lectores occidentales pues destaca una visión sobre la vida efímera y fugaz que podría confundirse con pesimismo o negatividad. El autor tiene claro que la vida es un puente que debe cruzar para llegar a otro lugar. El hombre es insignificante en el mundo, y las vidas están exentas de cualquier cosa que no cumpla el cometido de una transición. Personalmente no soy muy seguidor de la doctrina budista, pero Kamo no Chōmei en muy pocas páginas sintetiza algunos de los conceptos más importantes. La segunda parte de este texto se adentra en un desastre climatológico que barrió la ciudad de Kioto causando un desastre terrible. Los terremotos, incendios y las posteriores consecuencias que afectaron a los ciudadanos de Kioto formaron un cóctel demoledor que sumió a la sociedad en una tristeza desgaradora. Kamo no Chōmei no ahonda en muchos detalles, y hay que tener en cuenta que su texto es prosa, o semi-prosa. Además nos cuenta su experiencia personal en este acontecimiento. Pero es tan desgarrador que entiendes que el autor decidiera abandonar la ciudad y se hiciera ermitaño. Una decisión que puede parecer idílica pero que es de una extrema dureza y requiere una gran voluntad.

En Pensamientos desde mi cabaña no encontraremos una guía para hacerse ermitaño. No, lo que Kamo no Chōmei decide es vivir en una cabaña, un lugar transitorio entre un último vestigio de humanidad y la naturaleza más salvaje. Una especie de limbo desde el que poder reflexionar y pasar de un camino al otro sin problemas.

“Los poderosos, por su parte, viven ambicionando siempre una mayor fortuna. Los humildes que deciden vivir solos reciben el desprecio de la gente. Los que tienen muchas posesiones acarrean muchos desvelos, mientras que los desposeídos padecen incontables sufrimientos. Aquel que busca ayuda se convierte en esclavo y el que se da a los demás queda prisionero de su propio afecto. El que acata las reglas de este mundo sufre en consecuencia, pero el que no lo hace se nos presenta como un loco. Donde sea que vivamos y hagamos lo que hagamos, ¿es posible acaso que por un solo instante hallemos cómo descansar nuestro cuerpo y cómo apaciguar nuestro corazón?“.

El mensaje final de Kamo no Chōmei es claro y viene motivado por una obvia intención reaccionaria y totalmente aplicable a nuestros días actuales. Trabajar no dignifica, trabajar para vivir no es sano, y hay que cuidar más no solo la mente, sino nuestro cuerpo. Curioso que llevemos casi mil años con filósofos que piensan así y aquí seguimos. Y esta conclusión es la que nos acerca a nuestros días, al motivo por el que este libro está en Errata Naturae. Vamos a ser sinceros, Pensamientos desde mi cabaña no va a cambiarnos la vida, ni trae una iluminación o conocimiento que nos sorprenda, pero es esa sacudida que necesitamos de vez en cuando para no dormirnos, para seguir atentos y despiertos. Desde luego es un librito especial. Kamo no Chōmei escribe una obra mágica, sincera y sin florituras. Un mensaje de un anciano ermitaño gritado al mundo.

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