Tamayura, de Ringo Yuki

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Una de las cosas que más me gustan de editoriales más pequeñas como Milky Way o Tomodomo es que arriesgan por apuestas poco conocidas en nuestro país, no solo con mangas desconocidos, también con géneros que se habían explotado poco antes de su llegada. Antes era difícil encontrar josei, yuri o yaoi y ahora hay todo un catálogo de posibilidades. Una de estas es Tamayura, de Ringo Yuki, un manga autoconclusivo yaoi que publicó Milky Way en mayo.

Yuki nos traslada al Japón de 1922 donde Michitada Asakura, el heredero de una familia adinerada, está a punto de empezar bachillerato. En la residencia se encuentra a su único amigo de la infancia, con quien no habla desde hace 4 años. Tachibana había sido su oasis cuando los niños del barrio, por su condición de mestizo, lo perseguían e insultaban. Después de un incidente, Asakura se marcha cuatro años al extranjero y los amigos no vuelven a hablar. No, al menos, hasta que vuelven a reencontrarse.

Tamayura

La portada de este manga es un reflejo muy exacto de lo que nos espera en el interior: una historia dramática, cargada de amor y tristeza, pero con un toque pastel. Es una historia autoconclusiva, pero aún así tiene tiempo a desarrollar bien los dos personajes principales, jugando con los flashbacks y los flashfowards. De hecho, la historia sucede a través de varios años.

Sin embargo, abusa un poco de clichés y en algunas ocasiones se hace previsible. La prometida no deseada, el mejor amigo enamorado, los impedimentos provocados por la sociedad… Pero Ringo Yuki los conduce bien y, al ambientarlos en una época pasada, cobran mucho más sentido. De hecho, la autora aprovecha sus conocimientos de historia y de la época y logra que el lector se adentre en la historia fácilmente. Las calles, los ropajes, las costumbres, hasta el famoso terremoto de Kanto de 1923.

Tamayura

El dibujo es una de las mejores bazas del manga, es muy expresivo. Ringo usa todas las herramientas a su favor para dejar que las expresiones y los momentos expliquen la historia mejor que las palabras. Deja que sus personajes hablen no solo con sus palabras, sino también con sus silencios. Asakura en concreto es un personaje muy bien hecho, masculino pero sensible, que tiene un registro de expresiones carismáticas que lo hacen único. Aunque el tono de la historia es, durante casi todo el manga, muy dramático, la autora sabe manejarlo para que, mayoritariamente, no sea abrumador. Al contrario, alterna escenas con una carga emocional fuerte con momentos más distendidos y le da una importancia  leve a los secundarios para que estos aligeren también el peso del drama.

En conclusión, Tamayura es una buena lectura. Ligera, pero con una gran intensidad emocional que consigue que el lector esté investido en la historia y los personajes. Con una trama histórica y dos personajes interesantes, Tamayura es un manga que agradará a cualquier fan del género. La edición de Milky Way es excelente, como siempre, y la traducción de Maite Madinabeitia se adapta muy bien al tono y al momento de la historia. Si os gusta el yaoi, dadle una oportunidad, la merece.

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