Tiempo de Hiroshima, de Suso Mourelo

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Viajar siempre me ha parecido una experiencia de lo más subjetiva. Estamos sometidos a infinitos estímulos, posibilidades, causalidades y contextos que cada experiencia es única. Por eso las expresiones “es que quiero viajar a otra ciudad” o “eso ya lo he visto” carecen de sentido para mí. Hay lugares que nos generan expectativas, emociones contenidas que cristalizan. Por ello quizá los cuadernos de viajes me resultan tan fascinantes. Suso Mourelo es un autor que ya ha pasado por El peso del aire con En el barco de Ise, un cuaderno de viajes completísimo y extenso que sucede en Japón. En este caso se trata de Tiempo de Hiroshima (La línea del horizonte, 2018), una crónica que relata su paso por la conocida ciudad del sur de Japón. Un breve texto, conciso, pero lúcido y apasionante.

Lo que cada lector saca de cada libro es personal. Hay historias y relatos que dan en la diana y otros que nos parecen insípidos. Es lo mismo con los viajes. Como he dicho antes, los estímulos son tan personales que es imposible comparar experiencias de viajes sin caer en tópicos. Suso Mourelo es un viajero accidental, que llegó a Hiroshima casi por casualidad, pero como nos cuenta en las páginas de Tiempos de Hiroshima, desde entonces se enamoró de la ciudad. Con Hiroshima podemos hacer una analogía clara, es como el ave fénix, renació de sus cenizas. Y Suso Mourelo lo deja claro en sus primeras páginas. Sus expectativas eran completamente distintas. Una ciudad nostálgica, sumida en una sempiterna tristeza, un museo en vivo de los horrores de la guerra. Pero Mourelo descubrió todo lo contrario. En este punto cabe decir que Tiempo de Hiroshima no es un libro de viajes per se, sino que es un pequeño librito con reflexiones que tienden a lo filosófico o a la simple observación, a la experiencia personal en un lugar. Aunque también es cierto que, para mí, eso es lo que hace de un libro de viajes un buen libro de viajes.

Llevo ya un buen fragmento y no sé a dónde me lleva esta reseña. Quiero transmitir el entusiasmo que me causó leerla, pero tengo la sensación que divago, deambulo y me pierdo. Quizá se trate de eso, de dejarse perder. Tiempo de Hiroshima también está repleta de los recuerdos de Suso Mourelo. Habitantes mundanos pero con experiencias vitales. Individuos, cada uno, con su propia historia. Todas ellas fascinantes. Lugares y espacios que conforman una ciudad repleta de vitalidad, de memorias, de recuerdos, de futuro, de presente. Suso Mourelo se sorprende al descubrir una ciudad alegre, viva, dinámica. Tiempo de Hiroshima es una oda a una ciudad magnífica, un canto poético a sus virtudes. Ah, y qué gozada es leer a Suso Mourelo.

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