La gran travesía de Shion Miura

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Siempre he apreciado la labor de editoriales para traer nuevos autores japoneses pese a que sean desconocidos en nuestro país. Labor como la de Nocturna ediciones, que después de darnos a conocer buena parte de la obra de Kazumi Yumoto (autora que ya he reseñado en múltiples ocasiones con obras como ‘Los amigos‘ o ‘La casa del álamo) parece arriesgarse con nuevas caras. Este es el caso de Shion Miura, autora de ‘La gran travesía’, una novedad editorial de octubre que hoy reseñamos en El peso del aire.

La novela nos adentra en una faceta del mundo editorial bastante desconocida: la creación y edición de diccionarios. De esta forma, conocemos a la sección de diccionarios de una editorial justo en un momento crítico: Araki, el director del departamento, está a punto de jubilarse y necesita un sucesor que se encargue de ‘La gran travesía’, un nuevo diccionario de lengua japonesa. En esa búsqueda conocerá a Majime, un hombre con escasas dotes sociales pero una capacidad para las palabras innata.

La belleza del lenguaje japonés.

La gran travesía’ es una lectura muy metaliteraria (o debería decir, metalingüística). La autora expresa su pasión por la lengua a través de los personajes principales de la novela, casi todos muy abocados a la creación de este diccionario. Miura usa esto para hablar de la utilidad de un producto tan laborioso en una sociedad capitalista y de rápido consumo. Aunque es un tema que toca directamente en contadas ocasiones, la pasión que demuestran los personajes por el trabajo bien hecho y por el perfeccionismo que requiere la creación de un diccionario es una forma, indirecta, de hablarnos de ello. Además, la autora no pierde la oportunidad para hacer reflexionar a sus personajes sobre este tema.

El diccionario es, pues, el personaje principal de la novela y el eje central de toda la acción. Esto hace también que la trama se alargue temporalmente durante años, por lo que la creación de personajes se ve algo comprometida por ello. No pasa esto con Majime, el protagonista (junto con el diccionario) de la historia. La caracterización de Majime está mucho más elaborada que el resto y cuando la autora les da voz a otros personajes, normalmente es para ver otros puntos de vista sobre él. Este es el caso tanto de Nishioka, un compañero de trabajo de la editorial y superior a Majime,  como de Kishibe, que entra en el departamento cuando el diccionario está muy avanzado. Con Nishioka, la autora aprovecha además para crear el mismo contraste que está usando con el diccionario y el resto de libros publicados en el departamento editorial: un contraste entre lo útil a un nivel funcional y pragmático y lo útil a un nivel más subjetivo.

En algunas ocasiones, ‘La gran travesía’ me ha recordado a ‘El museo del silencio’ de Yoko Ogawa. En el libro de Ogawa, se explica paso a paso el proceso creativo de un museo. Al igual que Miura, Ogawa explora la necesidad social de la creación de un espacio como ese. Sin embargo, la novela de Ogawa usa otros elementos que ayudan a adornar la historia y hacerla más interesante y oscura. Shion peca de centrar demasiado su trama en el diccionario y demasiado poco, a mi parecer (y con la excepción de Majime) en sus personajes.

Romance que traspasa el papel

Otro elemento importante en la historia, aunque metido un poco con calzador, es el romance entre Majime y la nieta de su casera, Kaguya. El romance es algo forzado y como en ningún momento conocemos verdaderamente la personalidad de Kaguya, se puede ver la mano de la autora detrás de la historia.

Esto pasa también en el anime y es uno de los elementos que más destacan, de manera negativa, en la historia. En la versión audiovisual, además, el elemento del diccionario destaca de una manera épica y los creadores logran que el espectador invierta en la trama, se sienta cercano al diccionario y quiera que funcione. Esto es algo que tarda mucho más en el libro. El anime desprende una epicidad que no se logra transmitir en palabras en el libro.

En conclusión, ‘La gran travesía’ es un libro pausado, dulce (aunque no demasiado empalagoso) y bien cerrado. Una historia que, para todos los amantes del lenguaje japonés (o de la lingüística en general) será de buen agrado. Las referencias constantes a elementos del japonés se pueden hacer pesadas para alguien que no conozca demasiado el idioma, pero la traducción de Rumi Sato hace que el libro sea asequible. La lectura se me hizo, en algunas ocasiones, algo más lenta, pero en general es un libro que me ha gustado y que ha dejado una sensación de calidez en el pecho.

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