Shoplifters, de Hirokazu Koreeda

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Durante el pasado 7 de noviembre de 2018, tuve el placer de asistir en Barcelona a la proyección de la última obra del director Hirokazu Koreeda. Esto fue posible gracias al consabido Asian Film Festival de Barcelona, y al increíble trabajo de Casa Asia, pues el estreno oficial en España aún no llegará hasta el 21 de diciembre de 2018.

Tras la arriesgada apuesta de Hirokazu Koreeda con el thriller policiaco “El Tercer Asesinato” (三度目の殺人) , el director se decide a repetir con el drama familiar o shomin-geki, junto a algunos de sus actores fetiche, como Lily Franky o Kiki Kirin. Si bien, habiendo perdido a esta última hace unas pocas semanas, a manos de un largo y difícil cáncer, la cinta se hace especialmente nostálgica y dolorosa para el espectador experimentado en su filmografía.

Shoplifters

Siempre que Koreeda inicia una nueva obra, me pregunto si se tratará de una película más casual, o si será más intensa. Diría que en esta ocasión ha creado una película profunda, que recoge lo mejor de su experiencia pasada, y también de sus inquietudes personales. De nuevo, retomando la línea de “Nadie Sabe”, el director nos introduce a los conceptos de uchi (cuestiones que atañen al hogar) y soto (cuestiones externas al hogar), a través de una familia que malvive de la deficiente pensión de la abuela. Y es que, observamos en esta película una cierta tendencia a la pasividad, o a la “no intervención” ante los asuntos ajenos. Un comportamiento contrario a la decisión de la familia protagonista, que de hecho decide ayudar a una niña vecina, la cual ha sido maltratada verbal y físicamente por sus padres biológicos.

Shoplifters

Del mismo modo, podemos apreciar un discurso bondadoso, nada idealizado, de las familias irregulares. Es decir, aquellas familias que no encajan en el “modelo tradicional” establecido por el koseki o libro de familia. En esta ocasión tenemos diversos personajes, que aunque conviven bajo un mismo techo, no tienen ningún tipo de lazo consanguíneo. Como tal, Koreeda plantea la importancia de los lazos que se forjan a través de la convivencia, el cariño y la complicidad; todos ellos por encima de la sangre. Tal y como lo define a la perfección uno de sus protagonistas, al mirar directamente a cámara y decir: “¿Dar a luz te hace automáticamente ser madre?”. Esta es una cuestión que ya vimos con el director en su pasada película “De tal padre, tal hijo”.

Shoplifters

Finalmente, Koreeda adereza esta cinta con una última cuestión que claramente preocupa al director, la destructiva y cruel monofagia del sistema burocrático nipón. Y es que, desde los cuerpos de policía, pasando por los bancos, y llegando hasta los juzgados, existe una amalgama de aparatos del Estado y empresas que no han tratado con la justicia y la equitatividad necesarias a miles de familias en el país. Además, la realidad económico-social japonesa se aleja notablemente de la idealización acostumbrada en occidente. Las bajas pensiones, el trabajo precario en sectores como la construcción (muchas veces controlado por mafias, como la yakuza), o el extendido problema con el alcohol y el juego (especialmente el pachinko) son una auténtica plaga en Japón. Así mismo, el director ha querido añadir un tema poco habitual en su filmografía, que es la depravación sexual asociada a la fragilidad y la soledad del individuo. Todas estas serán cuestiones que trató, más o menos, en anteriores películas como: “El tercer asesinato”, “De tal padre, tal hijo”, o “Air doll”.

Shoplifters

El resultado es una película de gran belleza en su guion y escena, donde retomamos momentos de comida familiares y momentos en la bañera (ofuro). Una película con un propósito noble y una mirada clara hacia un futuro mejor y esperanzador. Pues aunque el desenlace resulte agrio, la honestidad de los acontecimientos y el mensaje que deja al público solo puede hacernos bien. Y aunque Koreeda suele decir que no busca un ajusticiamiento social con sus obras, es obvio que quiere dejar una emotiva huella, y abrir con ello un debate. Con esta obra, más allá del omotenashi japonés y el superficial atractivo místico y moderno que Japón que tiene para el extranjero, Koreeda abre una ventana a la intimidad del hogar japonés menos acomodado, y a la realidad de aquellas familias que se salen de la norma.

En mi opinión, su objetivo y visión ha encontrado un medio que lo encumbra como un artista inigualable. Y, a juzgar por el absoluto silencio de la sala de cine, así como de las miradas y los comentarios de los presentes al acabar la proyección, creo que es una idea compartida por quienes lo conocemos, y quienes han empezado a descubrirlo.

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About Author

Graduada en Historia (UA). Máster de Estudios en Asia Oriental (USAL). Cinéfila a ratos, entusiasta del manga y el anime, amante de buen misterio, y siempre formándome en las diferentes culturas asiáticas. La buena cocina oriental y el turismo regional, mis mayores y más placenteros pecados.

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