Arenas movedizas, de Junichiro Tanizaki

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Arenas movedizas (o Manji el título original en japonés) es una novela que Junichiro Tanizaki (El amor de un idiota, Siete cuentos japoneses, La historia de un ciego)  escribió entre los años 1928 y 1930. En esta ocasión tenemos la suerte de contar con una (re)edición por parte de Satori Ediciones en su colección Maestros de la Literatura Japonesa traducida por primera vez directamente del japonés por parte de los traductores Aiga Sakamoto y Miguel Martín con un prólogo de José Pazo que recomiendo muchísimo leer. Principalmente porque aclara las raíces y el origen de la cruz esvástica (manji) a la que hace referencia la novela y que ha estado en boca de muchos en cuanto a las olimpiadas de Tokio de 2020.

La novela de Tanizaki trata sobre una relación de amor lésbica. Ambas protagonistas pertenecen a la clase alta japonesa. Kakuichi Sonoko vive con su marido Kotaro y siente que su vida es aburrida y carece de un sentido. Kakuichi se apunta a clases de pintura para mujeres y allí se enamorará de Mitsuko, una mujer que entraña misterios y que no es lo que parece. Mitsuko manipulará a Kakuichi pero al mismo tiempo se entregará a ella en una novela que aúna celos, amor, pasión, erotismo y muchas dosis de Tanizaki. De hecho Arenas movedizas está considerada como una de las grandes obras literarias sobre erotismo.

Como de costumbre, Tanizaki es un especialista en analizar y retratar, pedazo a pedazo, la naturaleza humana. Qué nos hace ser humanos. La voluntad. Los triunfos. Las emociones que se ponen en juego para manipular, para atacar o para sentir. Sin embargo, Tanizaki no es especialmente directo, y su obra también juega con el lector en un baile de dobles sentidos, situaciones ambiguas y acciones de dudosa moral que dejan al lector en un cruce de caminos un tanto peculiar. Tanizaki no juzga a sus personajes, sino que sitúa a dos personas en una situación que a muchos nos puede parecer extravagante para resaltar ciertos elementos de su humanidad: la mezcla de bondad y maldad, los dos polos apuestos que se complementan. De hecho, el escenario que usa el autor sirve a su cometido, la alta sociedad japonesa, rígida y compartimentada, es el lugar perfecto para la historia de Kakuichi y Mitsuko.

Algo que siempre me sorprende de Junichiro Tanizaki es la habilidad para convertir en bello todo lo que escribe. En este sentido me recuerda mucho a Kawabata, pero lo curioso es que Tanizaki escribe sobre personajes retorcidos, sobre relaciones de amor abusivas, tóxicas, malsanas. Su estilo narrativo destila un gran talento y una habilidad excepcional para deconstruir personajes. Y además siempre lo describe todo sin vulgaridades, con cierta delicadeza por el detalle. Arenas movedizas es un drama erótica que se centra en dos mujeres y su relación amorosa pero que tampoco olvida la situación de los dos maridos. Una historia que, como la vida misma, no tiene un solo punto de vista. No existe una sola versión de los hechos. Una verdad. La realidad es tramposa y está repleta de sombras y luces. Y Tanizaki es el titiritero que mueve los hilos ante nuestros ojos, que asistimos anonadados al espectáculo de la literatura.

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