Mi vecino Totoro y la magia de la infancia

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Mi Vecino Totoro es una de las películas más queridas y conocidas de Estudio Ghibli. Y no es para menos. Es una película de apariencia sencilla, dirigida a los niños, y sin embargo, es de esos films que todo tipo de espectador acaba queriendo: adultos, niños y viejos. Y es que Hayao Miyazaki logra  transmitir una felicidad y una calidez en la pantalla que es capaz de llegar a todos los públicos. Y eso es gracias, entre otras cosas, a la fidelidad con la que retrata la infancia. Totoro es una oda a los niños y a esa época de la vida y en este artículo quiero analizar por qué.

Una oda a la infancia

La película nos traslada al Japón rural y nos presenta a Satsuki y Mei, dos hermanas que están pasando una mala época: su madre está hospitalizada y no saben cuándo podrá recuperarse de su enfermedad. Por ese motivo, las dos hermanas y el padre se trasladan a una casa en medio del campo, cercana al hospital dónde su madre está reposando, para poder visitarla con más  frecuencia. Esta es una premisa triste, pero la película empieza con imágenes alegres: vemos a las dos niñas llegar a la casa y explorarla, correr por el campo y reír. Las niñas viven el cambio como una aventura y hasta el hecho de que la casa se caiga a pedazos o esté llena de fantasmas es una oportunidad emocionante. En esa media hora, Miyazaki consigue que volvamos a la infancia con ellas, y sintamos que volvemos a ser niños que, igual que las hermanas, descubren el mundo de nuevo.

El director también muestra otra faceta de la infancia, muchas veces olvidada, como es el hecho de que los niños no solo son felices y alegres, sino también tienen dudas, curiosidad o pueden tener miedo. En esa primera media hora, Miyazaki está mostrando a las niñas en todo su esplendor y las vemos reír, correr, explorar y también pasar miedo.

Totoro Infancia

Una de las virtudes de esta película, quizá la que la hace más realista y por lo tanto, más cercana al espectador, es el hecho de que los movimientos de las niñas son muy naturales. El director no se olvida de ningún detalle para mostrar esa naturalidad y lo podemos ver en pequeños momentos, como Mei bajando los escalones de uno en uno o Satsuki corriendo a abrir la ventana para inundar de luz la habitación, ya que las niñas le tienen miedo a la oscuridad. Explora los sentimientos de las dos niñas sin tapujos, sin la condescendencia de la visión de un adulto: lo hace mostrando una visión muy realista de las niñas y su mundo.

Totoro Infancia

La fidelidad a la infancia

Mi vecino Totoro es quizá una de las películas más autobiográficas de Miyazaki. Cuando este era niño, él y su hermano vivieron una situación similar a la de Mei y Satsuki. Estando su madre hospitalizada por tuberculosis durante gran parte de su infancia, ambos pudieron vivir la ausencia de figura materna de la misma forma que pasa con Satsuki y Medi. Esa no es la única razón por la cual esta película es un retrato de la infancia tan fiel. Y es que Miyazaki pidió a sus animadores que observaran a los niños siempre que tuvieran oportunidad, y que reflejaran ese comportamiento en Mei y Satsuki. Que se alejaran de las convenciones de lo que se pensaba que un niño hacía, para observar a los verdaderos niños. Como corren, como ríen, como hablan, como se expresan. Mei y Satsuki resuenan tanto con el espectador por qué nos vemos reflejadas en ellas: nos trasladan a cuando nosotros éramos niños y explorábamos el campo, nos emocionábamos con las novedades y teníamos miedo a la oscuridad, aunque dijéramos que no.

Totoro y la magia de lo cotidiano

Y aquí aparece la figura de Totoro. El espíritu del bosque es un ser enorme, pero lejos de asustarnos, lo vemos tal y como Mei lo ve: fascinante y adorable. Transmite alegría, felicidad, curiosidad. Las expresiones y caracterización de Totoro están muy bien hechas, tanto como las de las niñas, y logra que el espectador sienta la misma emoción y calidez que sienten las niñas al verlo.

Totoro aparece relativamente poco en la película. Ya de entrada, no lo conocemos hasta después de la primera media hora. Y aparece siempre como si quisera recordar la alegría de la infancia a las niñas. La primera vez que lo conocemos, Mei ha estado jugando sola hasta que ve a los pequeños espíritus del bosque y se pone a perseguirlos. No piensa en las consecuencias ni en los peligros, sino que, como cualquier niño, se lanza a la aventura. Cuando conoce a Totoro, Mei no tiene miedo, al contrario: se duerme sobre él.

Totoro Infancia

Miyazaki establece entonces la relación que tendrá Totoro con las niñas: aparece cuando las niñas están asustadas o cuando las niñas están siendo aquello que las hace mejores: ser niñas. Esto se ve claramente en la famosa escena de la lluvia, a la cual Miyazaki dedica casi 8 minutos. Durante esa escena, podemos ver al principio el miedo y la desesperación de las niñas, esperando a su padre que parece no llegar nunca. La escena está cargada de tensión, con la lluvia y el silencio de la banda sonora. Hasta que aparece Totoro, empieza a sonar la música y entonces se pone a jugar con las gotas de lluvia. La escena pasa de sentir la tensión de las niñas, con la idea implícita de que quizá su padre nunca vuelve, a la alegría de las pequeñas cosas: la lluvia y como esta resuena contra el paraguas.

Otra escena en la que esto queda patente es la escena de la danza de noche. Las niñas se despiertan, como en un sueño, y se encuentran a Totoro y los dos espíritus más pequeños bailando alrededor de las bellotas que han plantado. Y sin dudarlo, van a bailar junto a ellos, hasta que las semillas germinan y el árbol crece. Es una escena mágica, cargada de simbolismo, que casi parece un sueño. Y cuando se despiertan, el árbol ha desaparecido, pero las semillas han germinado. Miyazaki no solo nos muestra la magia y belleza de la naturaleza, también lo hace con una representación muy acertada de la infancia: la magnificación de cosas cotidianas que luego, de adultos, ya no nos fijamos; el hecho de que todo descubrimiento o momento nuevo pueda parecer salido de un sueño.

Totoro Infancia

Este año se cumplirá el 30 aniversario de Mi vecino Totoro, y por ello hemos disfrutado otra vez este film en la gran pantalla. Una multitud de adultos llenaba las salas de cine, pero también muchos niños. Y es que esta es una película que llega igual al corazón de ambos.

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