El gran espejo de amor entre hombres, de Ihara Saikaku

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Cuando a mediados del siglo XVI los misioneros europeos llegaron a Japón estos sufrieron un tremendo schock al descubrir las diferencias éticas y morales entre su cultura y la oriental. Los tres pecados que resaltaron sobre cualquier otro fueron «la idolatría, la sodomía y el aborto», y para poder llevar a cabo la apertura comercial que se pretendía con occidente fue necesario adaptar la forma de vida japonesa a los modos y costumbres cristianos. Quizás precisamente por nuestra educación religiosa resulta chocante enfrentarse a obras como las de Ihara Saikaku, en especial esta. Es necesario comprender que la cultura japonesa se regía por una serie de patrones en los que el matrimonio no era concebido más que como un arreglo comercial con el que unir familias o intereses, y que el amor y la pasión era común que se desarrollasen fuera de las paredes del domicilio familiar.

En El gran espejo del amor entre hombres, Saikaku va un paso más allá planteando que el verdadero amor es el amor entre hombres, desprestigiando incluso el amor físico practicado con mujeres. Para ello, compone cuarenta historias protagonizadas por samuráis y actores de kabuki. Como bien se expone en la obra, la práctica habitual siempre era una relación entre un adulto y un joven, el cual al cumplir los 19 años pasaba al bando de los adultos y debía buscarse un compañero más joven que él. El sexo tan solo era una parte de esta relación, y el hombre adulto debía proporcionar protección y empleo al más joven, el cual debía corresponder con fidelidad y respeto. A pesar de lo escandaloso que pueda resultar que hombres maduros mantuviesen relaciones con adolescentes, creo que es importante tener en cuenta que el concepto de “menor de edad” difería mucho del que existe en la actualidad. No existía esa protección a la infancia del momento actual, y era frecuente que desde muy pequeños los niños trabajasen y llevasen una vida considerada de adultos.

Como podemos observar en estas cuarenta historias repartidas en dos volúmenes — uno dedicado a los samuráis y otro a los actores de kabuki — las formas de mostrar esa adoración y veneración incondicional diferían en función del oficio. Era frecuente que los jóvenes wakashu mostrasen su amor eterno cometiendo seppuku en el caso de los samuráis, o que se retirasen y se convirtiesen en monjes en el caso de los actores de kabuki.

Quizás el mayor valor que aporta El gran espejo de amor entre hombres sea la fundación de arquetipos del amor homosexual. A pesar de la larga tradición que poseía la sociedad de este tipo de prácticas, no existía como tal en la literatura siendo un libro pionero (aunque no el primero) en abordar esta realidad del momento. Para crear sentar unas bases, Saikaku llega a alterar tradiciones y leyendas para ajustarlas a sus reglas. Por ejemplo, sitúa el origen de estas experiencias en el período de la era de los dioses, anterior incluso a la aparición de deidades de género masculino y femenino, deformando los mitos de la creación.

Al igual que nos sucedía con Amores de un vividor y Vida de una mujer amorosa, estas historias poseen un enorme valor costumbrista que nos ayuda a conocer la forma de vida y las costumbres de la época. Encontramos detalles de gran valor acerca de ambas profesiones, como descubrir que el hecho de que los actores fuesen capaces de mover muy poco los labios era algo que aportaba valor a su actuación, o saber que la profesión de actor de kabuki conllevaba asociado pertenecer a una escala social muy baja, algo que resulta llamativo comparado con el enorme prestigio que poseen hoy en día.

Parte de la información aportada en este texto ha sido extraída de Azaleas entre rocas: el amor homosexual en la literatura japonesa, de Carlos Rubio López de la Llave. Kokoro: Revista para la difusión de la cultura japonesa, ISSN-e 2171-4959, Nº. 4, 2011, págs. 2-17.

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