La dependienta de Sayaka Murata

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Que particular desventura nos relata Sayaka Murata (村田沙耶香) en «Convenience Store Woman» (コンビニ人間), y que incómodamente adictivo resulta sumergirse en sus páginas, tratando de empatizar, o si quiera congeniar, con sus fastidiosos personajes. Esta obra es una vorágine de conflictos internos del Japón contemporáneo, donde la homogeneidad, la falta de identidad, la presión social y las apariencias externas definen una trama que acaba deformando a nuestra anormal protagonista: Keiko Furukura. Esta joven trabaja en una tienda de conveniencia (konbini; コンビニ), desde los dieciocho años. No obstante, a sus treinta y seis años, y sin alguna otra aspiración en la vida, supone una gran preocupación para amigos y familiares. Ella también es consciente de esta situación y querrá evitar todo escándalo al respecto.

Furukura solo come cosas hervidas, no se molesta en cocinar. Furukura no ha pensado en tener pareja, ni mucho menos hijos. Furukura carece de hobbie alguno. Cada mañana acude al konbini, y cada noche duerme pensando en los sonidos del konbini. Así es Keiko Furukura.

Madres y trabajadoras

La obra parte de una premisa social muy clara: la figura de la mujer en la sociedad contemporánea japonesa, y la hipocresía en que recae la aparente previsión de modernidad. La realidad es que la idea de la mujer, como ama de casa, prevalece ante una ilusión de cambio. Las mujeres casadas y madres solteras difícilmente encuentran un empleo digno, considerando al padre el sustento económico de la familia.

Keiko no será un caso diferente. Su individualidad como mujer se verá irrumpida por las críticas pasivas de sus conocidos y los ruegos de su familia. De este modo, esta decidirá compartir piso con Shiraha, un desempleado parásito (con una conducta muy próxima al desorden social del hikikomori o 引き篭り), que servirá a la protagonista en la superficial misión de mantener una imagen de familia normativa.

Well, worth trying, the sooner the better. You can´t go on like this, and deep down you must be getting desesperate, no? Once you get past a certain age it´ll be too late. (p. 79)

Homogeneidad e identidad

Dice el proverbio japonés «El clavo que sobresale recibirá el martillazo» (出る杭は打たれる). Esta frase refleja una férrea regulación y precaución, la cual vemos perfectamente instalada en la sociedad japonesa, desde la empresa más grande (会社) al konbini más pequeño. Keiko es perfectamente consciente de esta realidad, de la la necesidad de formar parte de un mecanismo que beneficie a la comunidad, pero sabe que sus pensamientos y actos difieren mucho de una persona normal. Por ello, acostumbra a repetir robóticamente los modismos y maneras de sus compañeros, y también a seguir religiosamente los consejos de su hermana menor.

No obstante, en Japón trabajar en un konbini suele ser una opción temporal. Un trabajo propio de amas de casa desempleadas, personas mayores con una pensión deficiente, o universitarios. Como tal, nuestra protagonista será vilipendiada por semejante trabajo, sobre todo a una edad en que se espera que esté casada y teniendo hijos, o bien ser una mujer independiente de éxito. Pero sobre todo, lo primero.

Our society doesn´t allow any foreign objects. I´ve always suffered because of that (p. 86)

Honne y tatemae

El debate entre honne (本音) y tatemae (建て前), y la hipocresía que reside en estos términos, es llevado excelentemente por la autora. Nos muestra unos personajes aparentemente interesados en mantener las formas, así como una actitud cordial y precavida con los demás; lo que recibe el nombre de tatemae. No obstante, la irónica falsedad de la sociedad japonesa se verá enmarcada en unos personajes especialmente afanados en controlar y dirigir la vida privada de nuestra protagonista. Estos irrumpirán en su honne, con el exclusivo objetivo de que Furukura reproduzca la normalidad acostumbrada (tener marido e hijos); pero irónicamente no lo suficiente para darse cuenta de que Keiko podría tener algún problema psicológico, indebidamente tratado en el pasado por una evidente falta de medios y concienciación sobre la salud mental en Japón.

My mother and sister, and even I myself, were beginning to tired of me never being cured (p. 108)

Desde luego, la vida de Keiko no es fácil, pero tampoco ha sido leer sobre ella. Y es que, el ritmo de Murata  en «Convenience Store Woman» es pausado y correcto, con una historia directa, libre a interpretaciones. Pero, ante todo, una historia honestamente incómoda, que refleja la realidad de muchas mujeres japonesas. Si bien, es cierto que Keiko Furukura presenta un paradigma muy particular para el lector, y es que desde el principio nuestra protagonista ha mostrado un aparente trastorno de personalidad, malamente diagnosticado de pequeña. Como resultado, Keiko ha establecido una zona de confort: el konbini. Un lugar donde sabe que cumplirá con las expectativas de aquellos que la rodean. Pero, ¿es ahí donde reside la felicidad de nuestra protagonista? Y en cualquier caso, ¿aquellos personajes que aseguraban conocer las reglas del juego de la felicidad, la han alcanzado a caso? Si todos siguen un mismo objetivo, unos mismos medios y una misma verdad, ¿no estarán realmente igual de vacíos?

Espero encontréis la respuesta tras leer esta reseña. Desde luego, yo no he encontrado más que dudas.

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About Author

Graduada en Historia (UA). Máster de Estudios en Asia Oriental (USAL). Cinéfila a ratos, entusiasta del manga y el anime, amante de buen misterio, y siempre formándome en las diferentes culturas asiáticas. La buena cocina oriental y el turismo regional, mis mayores y más placenteros pecados.

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