Chikamatsu Monzaemon, impulsor del bunraku.

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El bunraku es una forma de representación teatral llevada a cabo por marionetas. Pero nada más leer esta frase debéis desterrar de vuestra mente el concepto occidental de títere. Aunque en Europa también es frecuente el empleo de marionetas de mano, las figuras empleadas en el bunraku van más allá. No solo es necesario el trabajo de tres personas para realizar todos los movimientos, sino que determinadas partes del rostro tienen movilidad, tales como las cejas, los párpados o la boca. Cada figura mide alrededor de un metro y medio de altura, y es necesario que una persona accione rostro y brazo derecho, otra brazo izquierdo y por último un tercero que realice los desplazamientos de las piernas.

La expresión y la teatralidad que alcanzan son muy similares a las que puede lograr un actor de kabuki, salvando las diferencias. Pero si los marionetistas son buenos resulta sorprendente ver los bailes y movimientos que son capaces de alcanzar unos muñecos inanimados. A pesar de que este tipo de funciones nacieron en el siglo XII, no fue hasta la llegada de Chikamatsu Monzaemon (1653-1724) cuando alcanzó todo el esplendor que mantiene aún hoy en día. Monzaemon es uno de los dramaturgos clásicos más reputados de la literatura japonesa, y aunque podríamos equipararlo a William Shakespeare o Lope de Vega, el tipo de representación dista mucho de las que teníamos en Europa. El bunraku combina tres tipos de artes: la manipulación de los muñecos, el recitado de un texto de forma cantada y el acompañamiento musical. La sonoridad del shamishen proporciona una estética muy específica, y las modulaciones de la voz del recitador para interpretar a hombres, mujeres, niños o ancianos resulta uno de los aspectos más llamativos de este arte.

Los amantes suicidas de Sonezaki

Chikamatsu Monzaemon escribió unas ciento veinte obras para títeres y treinta para kabuki. Fue el primero en emplear imágenes, dicción y técnicas literarias de la poesía, el noh y la prosa clásica. Monzaemon comenzó escribiendo obras de kabuki. Desde 1689 hasta 1703 escribió piezas en exclusiva para el actor Sakata Tôjûrô, y las adaptaba para resaltar su talento. Hacia 1702, Tôjûrô enfermó, y Monzaemon se volcó en la composición de piezas de bunraku. En 1703 escribió la famosísima Los amantes suicidas de Sonezaki y revolucionó la estructura del bunraku componiendo una obra en tres escenas en lugar de las tradicionales en cinco actos. Este formato más breve fue un tremendo éxito, y el autor cambió su lugar de residencia de Kioto a Osaka, algo que tiene mucho significado implícito: el traslado desde Kioto como centro de la cultura clásica a Osaka como centro de la cultura popular.

En el siglo XVIII se produjeron una serie de cambios en el bunraku que han perdurado hasta nuestros días. En 1715 se desplazó la ubicación del músico y del recitador a un lateral del escenario para que la atención del público se centrase en la actuación de las marionetas. En 1729 estas aumentaron de tamaño y aparecieron las primeras cabezas con ojos y boca movibles. En 1733 se articularon las manos (para poder cerrar el puño). En 1734 comenzaron a ser articuladas por tres manipuladores. En 1739 se incorporó una varilla como soporte para los brazos. Todo ello se conserva en las exhibiciones actuales de bunraku y a los pocos segundos de visionado se aprecia que poco tiene que ver con el tono más infantil que puedan tener este tipo de representaciones en occidente.

Bunraku

Son tantos los aportes que se produjeron por parte de Monzaemon, y el momento en el que escribió, que podríamos extender este texto de manera casi infinita. Tan solo un apunte más que revolucionó por completo el concepto de esta disciplina: Chikamatsu Monzaemon vivió en el momento histórico en el que la imprenta alcanzó un desarrollo más que notable. Debido a ello, las copias manuscritas se sustituyeron por obras impresas, con el consiguiente ascenso en la difusión de los textos. Así como los textos de kabuki no era habitual que saliesen fuera de los muros de los teatros, y pasaban de mano en mano de los actores y las compañías teatrales, Monzaemon comenzó a publicar los escritos de sus obras de bunraku, lo que hizo que alcanzasen aún mayor popularidad y difusión, debido en parte porque traspasaban los muros de los teatros. Un verdadero revolucionario de la dramaturgia japonesa.

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