La estación del sol, de Shintaro Ishihara

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La figura de Ishihara está, sin duda, plagada de controversias. En los años 50, cuando se publicó el libro que hoy reseñamos, “La estación del sol”, Ishihara era un joven más perdido en una generación que contrastaba muchísimo con la de sus padres (un poco como pasa en todas las generaciones). Un libro que dio de qué hablar y que fue alabado y criticado a partes iguales. Resulta curioso e irónico que ese rompedor Ishihara que vemos en “La estación del sol” acabara convirtiéndose en un político conservador nacionalista. Sin embargo, y fijándonos solo en su obra, está claro que Ishihara es uno de los escritores que marcaron las letras japonesas de su época.

La estación del sol es una antología de cuatro relatos hard-boiled de los primeros años de Ishihara como escritor: “La estación del sol” (premio Akutagawa en 1955), “La clase gris”, “La cámara de torturas” y “El chico y el barco”. Aunque son textos autoconclusivos y diferentes, todos giran alrededor de jóvenes de la generación de Ishihara, que vivieron la guerra mundial aunque no combatieron en ella por ser demasiado jóvenes. Chicos agresivos, rebeldes, que buscan su lugar en el mundo sin encontrarlo, enfrentándose a todo sin temer las consecuencias.

Estos son cuentos muy duros, tal y como el subgénero hard-boiled en el que aparece extrema violencia, asesinatos y relaciones sexuales. Esto hace que los relatos sean muy visuales, tanto que acaba creando incomodidad en el lector. Si esta era la intención de Ishihara o si simplemente quería reflejar la juventud que él vivía y no la que se veía en la literatura de la época. Esa violencia, además, va escalando cada vez más, y lo que comienza por un joven boxeador que acaba dejando preñada a una chica acaba con un relato sobre una paliza muy explícita.

Y a su vez, son personajes atractivos en cuanto a su libertad. Son jóvenes sin nada que hacer ni nada que perder, por lo que no están ligados a las consecuencias de sus actos. Parece que busquen un momento de realidad en una sociedad que ni los comprende ni lo intenta. De hecho, este rechazo a la sociedad se ve constantemente reflejado en el rechazo que sienten los protagonistas por las figuras de poder como son los padres o los profesores. Los relatos están cargados de un nihilismo casi irónico, despectivo, como si se rieran no solo de la sociedad que los rodea, sino también del propio nihilismo.

El chico y el mar es la nota discordante del libro de relatos, pero muy necesario para que la antología esté equilibrada y funcione tan bien. En este relato, con claros tintes a tragedia griega, el protagonista, aunque similar a los del resto de cuentos del libro, no se deja llevar por la violencia  al tener un objetivo claro: comprar un barco. La libertad se ve dirigida hacia otra besante y se ve reflejada en el mar.

La estación del sol” fue un éxito de masas. Vendió unas 300.000 copias, que se dice pronto, y marcó un antes y un después en la literatura japonesa. Aquellos jóvenes perdidos, que estaban totalmente desconectados de los problemas de la generación anterior (estamos hablando de un momento de post-guerra, con un Japón muy empobrecido) vieron en Ishihara y sus relatos una voz que los representaba. La estación del sol representa esa voz, ese cambio generacional que nos conduce a la sociedad japonesa de hoy en día. Sin duda, es una suerte poder disfrutarla en español en una edición tan bonita como la de Gallo Nero y con una traducción impecable, como siempre, de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

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