Cuentos de lluvia de primavera, de Ueda Akinari

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Ueda Akinari (1734-1809) fue uno de los autores más relevantes del s. XVIII japonés. Posee una importancia fundamental dentro de la historia de la literatura de este país por tratarse de un autor puente entre dos corrientes estilísticas. Si Saikaku fue el creador del ukiyo, Akinari es quien lo finaliza a través de su inmersión en el yomihon. El yomihon se caracteriza por dejar en un segundo plano la ilustración (algo de relevancia fundamental en el ukiyo) para enfatizar aún más la trascendencia del contenido del texto. Es habitual que las narraciones tengan una función moralizante —al estilo de las fábulas occidentales— y que posean una fuerte influencia de la literatura china y de la tradición histórica japonesa. Todos estos ingredientes sitúan en yomihon en un lugar de cierta inaccesibilidad para el lector común, debido a la alta intelectualidad de esta corriente.

Otro de los rasgos de este tipo de obras es la aparición de elementos fantásticos en el argumento, pero desde un punto de vista muy específico. Si la tradición mostraba un tipo de fantasma plano, cuya función era en esencia aterrorizar, Akinari les dota de una elevada expresión estética y de un profundo trasfondo psicológico. Fue un gran defensor del folklore nacido de creencias populares y —al introducirlas en lo que podríamos considerar alta literatura— les otorga un estatus de canon fantasmagórico.

Respeta la tradición de la minuciosidad en las descripciones y de depurar el estilo para conseguir textos elegantes. A ello suma una indagación en la humanidad de sus personajes, y suele escoger protagonistas de baja categoría social, algo que hasta ese momento era muy poco habitual en la ficción nipona.

En estos Cuentos de lluvia de primavera encontramos todos estos componentes. La lectura no resulta sencilla, y hay cuentos más accesibles que otros. Son desiguales en extensión y en temática y, como indicaba más arriba, no son accesibles al lector común. La introducción de Carlos Rubio, y las notas del traductor Yoshifumi Kawasaki serán fundamentales para apreciar la riqueza del texto que tenemos entre las manos y para comprender los porqués de relatos como Enaltecimiento de la poesía.

Quien se acerque a esta obra debe hacerlo con respeto y paciencia. Los tres primeros relatos —La tela ensangrentada, Las doncellas celestiales y El pirata— pueden parecer más arduos y de lectura más lenta. Sin embargo, llegados a El lazo de los vidas —desde mi punto de vista, una de las historias más brillantes que solo necesita de ocho páginas para sorprender —la lectura se muestra más llevadera. La introducción de la fantasía en relatos como El dios de un solo ojo creo que resulta muy favorable para la comprensión de las lecciones que quiere transmitir el autor. Y algunos giros como el acontecido en La sonrisa de la muerta tardarán en borrarse de vuestras retinas.

Conocer el contexto de las obras de una cultura ajena a la nuestra suele ser fundamental para comprender el contenido. En este caso, resulta imprescindible para que el lector no se pierda entre las referencias y la sobriedad del texto. Algunos califican a Ueda Akinari como gótico, debido a su empleo de los elementos sobrenaturales en su obra, y al momento histórico en que escribió. Desde luego, si algún autor debe adscribirse a esa corriente, debe ser este.

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