Las islas de los pinos, de Marion Poschmann

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La literatura ambientada en Japón (o de inspiración japonesa) está relacionada directamente con la temática de El peso del aire, por eso nos gusta hablar de cuadernos de viaje, o literatura de aventuras o histórica ambientada en Japón. El libro del que voy a hablaros hoy hace uso de ambos elementos, es decir, es el viaje de una persona a Japón y el desarrollo de una serie de acontecimientos en el país. Las islas de los pinos, de Marion Poschmann (Hoja de lata, 2019) es un libro que hace uso de lo exótico, de la filosofía oriental alejada y desconocida y de algunos otros clichés de Japón, pero que al mismo tiempo trata con delicadeza y de forma muy poética otros aspectos como la propia sociedad o de los personajes. Las islas de los pinos ganó el premio Alemán del Libro en 2017, así que imagino que ese fue el principal motivo por el que el libro cayó bajo el radar de los editores de Hoja de lata (editorial, por cierto, más que recomendable, así que echad un vistazo a su catálogo).

Las islas de los pinos narra el viaje de Gilbert Silvester, un profesor universitario que un buen día sueña que su mujer lo engaña con otro hombre, por lo que de pronto decide subirse al primer vuelo internacional que encuentre. La casualidad quiere que viaje a Japón, más concretamente a Matsushima (lugar que da título al libro, las islas de los pinos). En su extraña peregrinación, Gilbert conocerá a Yosa Tamagotchi, un joven aparentemente perdido que lleva consigo un extraño libro: el manual completo del suicidio. Es decir, Yosa va en busca del lugar ideal para quitarse la vida. A partir de aquí la novela se desarrolla en este viaje introspectivo y exterior. Ese país de contrastes que es Japón sale a la luz y pasaremos de trenes de alta velocidad a experimentar los paisajes que inspiraron al maestro de la poesía Matsuo Basho. Al mismo tiempo tenemos un viaje en paralelo, el de ambos personajes, el de Gilbert, que acaba de romper con su vida y la de Yosa, que busca precisamente eso.

Tengo la sensación de que la historia está algo descompensada, y creo que sin la unión de ambos personajes la novela haría aguas. Es decir, para mí Yosa y Gilbert no son dos personajes distintos sino un desdoblamiento de un mismo concepto. Gilbert tiene una personalidad más trabajada mientras que Yosa es un tanto más estereotipado (ese japonés extraño, introvertido y casi místico). Dicho esto, el libro presenta conceptos que a nivel personal me han impactado mucho y me he sentido tremendamente identificado con muchísimas de las reflexiones que hacen ambos personajes a medida que avanzan en su peregrinación hacia las islas de los pinos (lugar de extravagantes y excéntricos). Espiritualidad, sentido de la vida, cultivar el espíritu, y algo interesantísimo: aprender a morir. Porque un suicidio sin más está desprovisto de significado, y aprender a morir consiste en una expresión cuasi poética. Es así como ambos personajes transforman visiones y reflexiones poéticas que, inspiradas por los parajes naturales que recorren, van conformando precisamente ese crecimiento espiritual. Las islas de los pinos es una novela poética y profunda que adolece de no ser más ambiciosa (es raro que yo diga esto, cuando suelo castigar lo contrario), pero creo que Poschmann se queda a medias con algunas de sus intenciones y no acaba de llegar al fondo del asunto. Pero que esto no os aleje de su lectura, pues es un libro breve muy entretenido y con reflexiones interesantísimas. Como ya he dicho, hay tres motivos por los que leer Las islas de los pinos: la poesía, la naturaleza y la condición humana. Un libro que, a fin de cuentas, nos demuestra que no hay nada de malo en mirar de cara a nuestros miedos para aprender y crecer como personas.

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