Moto Hagio y el grupo del 24

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Uno de los síntomas, a mi juicio, de que estamos en una época de definitiva consolidación del manga en España como género respetado y masivo de la cultura popular es la demanda creciente de clásicos que han sido fundamentales para la evolución del manga tanto a nivel estético como narrativo. Es cierto que Osamu Tezuka ha sido ampliamente reeditado en España, sin embargo, había una generación de autores que empezaron a publicar manga en los años sesenta y setenta y que en los últimos años hemos visto publicados en nuestro país. El interés de una parte de los aficionados que empezaron a leer cómic japonés a finales de los años noventa ha sido fundamental pues son los que actualmente cuentan con un bagaje cultural amplio del manga y han vuelto la vista a los clásicos.

Algunos de estos mangakas son ya reconocidos por el lector occidental: Leiji Matsumoto (Capitán Harlock, Queen Emeraldas), Shōtarō Ishinomori (Hokusai, Relatos de Sabu e Ichi), Go Nagai (Mazinger Z, Devilman), Yoshiharu Tsuge (El hombre sin talento), Kazuo Kamimura (Historia de una Geisha, Lady Snowblood), Kazuo Koike (El lobo solitario y su cachorro) y tantos otros que nos dejamos en el tintero.  Estos autores han cultivado el shōnen y el seinen de manera magistral y su influencia llega hasta la actualidad. No obstante, tenemos todavía una deuda pendiente con las autoras de esta misma época cuyas obras sembraron la semilla del shōjo moderno y se encuentran también en el canon japonés. Nos referimos al Grupo del 24, una generación de autoras irrepetible entre las que se encuentra Moto Hagio, una de sus autoras más influyentes.

Moto Hagio

Se conoce como Grupo del 24 a una generación de mangakas que nacieron en torno al año 24 de la era Shōwa (1949 en nuestro calendario) y comparten una serie de inquietudes artísticas y narrativas que el manga hasta los años setenta había sido incapaz de dar salida. Cultivaron el shōjo, una demografía que hasta ese entonces se había considerado menor y puramente escapista. El shōjo de masas estaba siendo concebido por mangakas varones en una época en la que el patriarcado estaba generando una reacción a las conquistas del feminismo e intentaba mantener recluidas a las mujeres en el ámbito del hogar en tareas que tradicionalmente se consideraban femeninas y entre las cuales no se encontraba ser autora de manga. El Grupo del 24 se rebeló contra estas opresiones y querían contar sus propias historias y experiencias, que no veían reflejadas en el manga de los años cincuenta y sesenta. Rompieron con la representación de la mujer y las convenciones de lo femenino que habían edificado sus colegas masculinos y empezaron a especular con nuevas formas de entender la sociedad, el género y la sexualidad. Dentro de este grupo encontramos a Riyoko Ikeda (La rosa de Versalles), Keiko Takemiya (La balada del viento y los árboles), Yumiko Oshima (Wata no Kuni Hoshi), Ryoko Yamagishi (Shiroi Heya no Futari), Yasuko Akoike (Eroica Yori Ai o Komete), Toshie Kihara (Mari to Shingo) o Moto Hagio, que se encuentra entre las figuras centrales de esta generación. Tristemente, es necesario alzar la voz para decir que únicamente han sido publicadas en España Ikeda, Takemiya y Hagio además de otras autoras afines a las ideas del grupo como Miyako Maki (Mujeres del zodiaco) o una joven Rumiko Takahashi que empezaría su carrera en 1978 con Lamu, Urusei Yatsura.

Moto Hagio nació en Ōmuta , en el año 1949, fecha que, como hemos dicho, coincide con el año 24 de la era Shōwa que se toma como nexo en común de la generación a la que pertenece Hagio. Desde pequeña se aficionó al manga de la mano de autores como Tezuka, Ishinomori o Mizuno que tenía que leer en librerías de alquiler y la biblioteca escolar por el rechazo que sentían sus padres por el cómic. La lectura de la obra Shinsegumi de Tezuka estimula enormemente a Hagio y la encamina hacia el oficio de mangaka bajo las presiones familiares de tener una profesión más adecuada para un mujer. Debuta en 1969 con Lulu to Mimi y otras historias cortas para Kōdansha pero pronto se ve insatisfecha por la negativa de la editorial de publicar historias más transgresoras, con personajes inadaptados que se rebelan contra su entorno. Unos meses después, en un viaje a Tokio, conoce a Keiko Takemiya que intercede por ella ante la editorial Shōgakukan para publicar las historias de Hagio con total libertad creativa y permitiéndola mudarse a Tokio a principios de los años setenta. Su amistad con Takemiya y la conversión de su casa en un lugar de reunión de jóvenes mangakas sentaría las bases y los lazos de las miembros del Grupo del 24.

Su primera obra de relevancia fue El clan de los Poe (1972) que fue un éxito fulgurante al agotar los 30.000 ejemplares de la primera edición del tomo. La obra narra la historia de dos hermanos, Edgar y Marybelle, que entran en el clan de los Poe, un grupo de vampiros condenados a la inmortalidad en la Europa de los siglos XVIII y XIX. Los eternos hermanos adolescentes asistirán a los cambios sociales y la muerte de su entorno en una obra que permite a la autora reflexionar sobre el amor y la muerte en una historia de influencia gótica donde ya podemos ver las obsesiones de la autora por la literatura, la estética decadente de la Europa decimonónica y lo sobrenatural. En 1973 ve la luz otra de sus obras maestras, Thomas no Shinzō. El manga es uno de los primeros exponentes del Boy’s love, junto a obras de Keiko Takemiya como Sanrumu Nite y la mencionada La balada del viento y los árboles. Thomas no Shinzō se ambienta en un internado alemán en el que un alumno, Thomas Werner, se suicida tras dejarle una carta a su compañero, Juli, donde le confiesa su amor. Esta confesión conmociona a Juli que tendrá que afrontar la llegada de un nuevo alumno, Eric, cuyo parecido con Thomas es inquietante.

Moto Hagio

En 1975 llega ¿Quién es el 11º pasajero?, primera obra de Moto Hagio traducida al castellano y una de sus principales obras de ciencia ficción. Ávida lectora de este género, en su juventud la obra de Ray Bradbury, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Phillip K. Dick ejerció una enorme fascinación en la autora que aprovechó las posibilidades de especulación social que permitía la ciencia ficción para crear una trama fascinante en la que se hace una deconstrucción del sistema sexo/género sin precedentes en el Japón del desarrollismo económico. La trama gira en torno a diez candidatos a ingresar en la Universidad Estelar cuyo examen será pasar 53 días en una nave que orbita en el espacio. Sin embargo, cuando acceden a la nave descubren que hay once personas en vez de las diez que deben pasar el examen. A pesar de la sinopsis, no estamos ante una obra de suspense al uso, y lo que hace brillar al manga es la rica variedad de personajes venidos de planetas y sociedades distintas que generan un choque en el lector por sus distintas maneras de entender las relaciones y los convencionalismos sociales. Hay que mencionar el personaje de Frol, que es confundido por sus compañeros con una mujer por su apariencia femenina pero que resulta que en su especie el género es asignado en la edad adulta. De carácter misógino y con un lenguaje obsceno descubriremos por qué no quiere ser asignado como mujer cuando llegue a la edad adulta.

Durante los siguientes años Hagio siguió cultivando las historias cortas que han sido  compiladas en distintos volúmenes. En 2018 la editorial Tomodomo publica una selección de ellas, bajo el título de Catarsis, que reúne 12 relatos publicados originalmente entre 1971 y 1994. El volumen es un exponente perfecto de las preocupaciones humanistas de Hagio y sus reflexiones sobre la identidad, el otro y el rechazo al diferente. Catarsis se abre con Mitad, una pequeña obra maestra sobre dos hermanas siamesas que deben ser separadas por la relación parasitaria que tiene el cuerpo de una respecto a la otra. Otras historias sobresalientes son La niña iguana en la que una madre detesta a su hija hasta el punto de creer que es un lagarto. El falso rey nos presenta a un viajero en un reino mítico que se encuentra con un penitente que debe expiar los pecados de una ciudad entera. En El invernadero asistimos a la relación obsesiva de dos hermanastros representada por las ruinas de un invernadero. O la historia que da título al manga, Catarsis, donde un adolescente se rebela contra el sistema educativo y laboral que se le impone socialmente por medio de sus padres. Todos estos relatos, que aunan el terror, la fantasía y el costumbrismo muestran una mangaka en estado de gracia, cuyo humanismo y conocimiento de la naturaleza humana se respira por todas las páginas. Una joya.

Moto Hagio

En la cúspide de su carrera Moto Hagio publicó Marginal (1985), una obra de ciencia ficción situada en el año 2999 en un planeta tierra arrasado donde las mujeres se han exiinguido salvo una, la madre sagrada, que es la única que puede dar a luz hijos varones. Esta distopía exquisita auna las preocupaciones ecologistas, feministas y religiosas de la autora. Su última gran obra, Barbara Ikai (2003) es un extraño artefacto narrativo influido por Ray Bardbury donde se superponen distintas dimensiones de la realidad a través de una niña que entra en coma tras asesinar a sus padres y un navegante de sueños que se introduce en su mente para trasladarse a una isla mítica y fantasmal llamada Barbara. Sin duda, las últimas obras de Moto Hagio perfeccionan su maestría en la ciencia ficción con tramas muy trabajadas y ambientaciones oníricas en las que la realidad se muestra tras un velo translúcido y equívoco.

No nos queda más que desear que Tomodomo siga apostando por recuperar la obra de Moto Hagio, una mangaka que se rebeló contra lo que la sociedad esperaba de las mujeres de su generación y trasladó una serie de preocupaciones estéticas y literarias cuya llama sigue ardiendo en las mangakas actuales. Gracias a Hagio y al resto del Grupo del 24 el shōjo moderno se diversificó y se abrió a géneros como la fantasía, el terror y la ciencia ficción con una profundidad psicológica que asombró a toda una generación de mangakas y lectores. Este grupo de mujeres vanguardistas dijeron no a las estructuras sociales más tradicionales de Japón y plasmaron en sus historias que otra manera de entender el género, la sexualidad y los roles sociales era posible, y además lo hicieron con un dominio del guion y la ilustración que han hecho de estas mujeres una leyenda viva del cómic japonés.

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