La mujer que tomó veneno, de Iwano Hômei

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Es de sobras conocido el excelente trabajo de Satori ediciones por acercar a España la literatura japonesa. Han conseguido que autores desconocidos en nuestro ahora estén disponibles en nuestro idioma. La obra que hoy reseño, La mujer que tomó veneno, de Iwano Hômei (Satori Ediciones 2019, con traducción de Naoko Narushima), entraría dentro de esta categoría. Hômei, autor de la llamada Generación del desasosiego (en la que están Soseki o Ogai), vivió tiempos de cambios en su país, que representó en su obra. La mujer que tomó veneno es una colección de dos de sus novelas cortas más conocidas, la que da título a la obra y Disipaciones.

Yoshio Tamura, el protagonista de ambas historias, es un escritor pobre y atormentado que, pese a estar casado, tiene relación con geishas. En la primera historia, Disipaciones, Tamura está haciendo un retiro espiritual en un pequeño pueblo costero para poder acabar la obra de teatro que está escribiendo. Ahí conoce a Kichiya, la geisha de la posada en la que se aloja. En la segunda, La mujer que tomó veneno, Tamura ha vuelto a Tokio pero se aleja de su esposa, a quien no soporta, para pasar el tiempo con Tori, su concubina, que le pide constantemente su divorcio para poder casarse.

Hômei usa temas recurrentes en la novela, pero quizá el principal sea la poca fidelidad de Yoshio hacia la figura de la familia. Al verlo todo desde su punto de vista, escuchamos sus razonamientos aunque seamos incapaces de entenderlos. Yoshio es un personaje muy bien construido, con sus contradicciones y sus manías. Las conocemos todas viendo como trata las mujeres con las que se relaciona, siempre de una manera disruptiva. El papel de la familia es importante justamente por su ausencia. En todo momento sabemos, como lectores, que Yoshio tiene una esposa y tiene hijos, pero en ambas historias su relación es lejana, casi como si no existieran. La única función de Yoshio es la de amargar la existencia de su familia: no aporta apenas dinero a su hogar, vende los kimonos de su esposa para costearse los caprichos de las amantes y es una figura paternal ausente.

En contraposición a este protagonista, están las figuras femeninas que pueblan ambas historias. Kichiyo, Chiyoko y Tori protagonizan las páginas de estas historias y son todas representadas como mujeres débiles, dependientes del hombre. O al menos así las ve Yoshio. Sin embargo, entre líneas, podemos ver que van más allá, que son mujeres que tienen que vivir pese a las disipaciones de los hombres que las rodean. Mujeres atadas a su papel de esposa, o concubina, o amante, por el sistema socialeconómico japonés, pero que a su vez luchan por liberarse de él. De nuevo, aquí Hômei usa la familia como figura ausente, ya que Chiyoko y sus hijos son, en ambas historias, vistos como el rival a engañar.

Ambos relatos recuerdan mucho a algunas novelas de Osamu Dazai, en el sentido de que el protagonista es, igual que Yozo Oba, indigno de ser humano. Yoshio Tamura es un hombre pobre cuya existencia solo daña a aquellos que lo rodean. Su pobre afecta a su familia, su libertinaje afecta a las mujeres con las que se rodea. Todo le sale mal, no consigue que su profesión y sus proyectos lleguen a buen puerto. Sin embargo, y al contrario que Oba, Tamura no decide en ningún momento acabar con su vida. No hace autocrítica de todo lo que él provoca a su alrededor, sino que lanza la culpabilidad a los que lo rodean. Y de esta forma acaban ambas novelas, con todo lo que ha intentado construir desmoronándose como un castillo de naipes. Un final anticlimático que parece hecho adrede para que veamos a Tamura con ojos críticos.

Es muy interesante leer textos de esta época, ver la cultura y la sociedad japonesa a través de la prosa de los autores que vivieron estos cambios en el país nipón. Es evidente que nuestra lectura va a ser diferente a la que podría vivir un japonés del 1909. Pero la retrospectiva nos da una visión interesante de cómo han evolucionado algunos elementos que pueblan las historias de Hômei y de muchos otros autores. Sin duda, dos relatos fascinantes para todo aquel que quiera adentrarse en la literatura japonesa de principios del siglo XX. Desoladores, casi insultantes, pero también muy interesantes.

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