Confesiones de amor, de Chiyo Uno

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En la década de 1920 Junichiro Tanizaki publicó Naomi y Manji, dos de sus libros más conocidos. Al mismo tiempo Edogawa Rampo publicaba la onírica El extraño caso de la Isla Panorama. Dentro de este movimiento del “yo” y de la literatura proletaria una autora removió el panorama literario. A finales de esa década, Chiyo Uno se entrevistó con el pintor Seiji Togo, popular en aquel entonces. A Chiyo Uno le interesaba su historia amorosa, ya que había intentado suicidarse con su amante pero había sobrevivido. Ella no. Este desenlace trágico se volvió tremendamente popular y atractivo en la época (¿Os suena Osamu Dazai?) y Uno sabía que de aquí podía sacar una gran historia. El caso es que fue a entrevistarlo en 1929 y Togo la acomodó en el mismo diván en el que su amante había muerto. Todavía quedaban rastros de sangre. Ambos se enamoraron y vivieron juntos durante cinco años. Chiyo Uno sacó de estas entrevistas y de esta experiencia una serie de relatos que publicó entre 1933 y 1935 en la revista Chuo Koron. Este conjunto de relatos pasaría a llamarse Confesiones de amor, que ahora Alpha Decay recupera con una nueva traducción de Junichi Matsuura y Lourdes Porta.

Confesiones de amor cuenta de forma directa y sin morbo añadido los tejemanejes amorosos de Seiji Togo, en el libro apodado como Joji Yuasa. Chiyo Uno no tiene reparos en describir estos enamoramientos efímeros como caprichos masculinos. Como si de un animal se tratara. Yuasa es pintor, tiene mujer e hijo a los que ha abandonado y es un vividor. No se ve con chicas mayores de 21 años. La primera de las chicas que aparecen en el relato es Komaki, una joven que le manda carta para citarlo con puntualidad extrema y cierto aire de dominación. Yuasa acepta, movido por cierta vanidad. Sus encuentros sexuales son violentos, mordiscos, arañazos y golpes. Yuasa explica su ensimismamiento con ese cuerpo blanco como la nieve y cómo ella hace cosas que nunca hubiera imaginado. Cómo la sangre roja contrasta con la piel nívea. Este es un breve ejemplo de las historias que vamos a encontrar en estos relatos recopilados en Confesiones de amor.

Se nota que la autora siente una fascinación visceral por estas historias sexuales, Chiyo Uno, que poco antes se había cortado la cabellera para peinarse al estilo mo-ga (mujer moderna), estaba metida de lleno en la vida cultural contemporánea. Era diseñadora de kimonos y editó su propia revista de moda. Chiyo Uno fue la primera japonesa en exhibir sus diseños de moda en Nueva York, en 1957. Con todo esto queda claro que la autora buscaba un relato rompedor, moderno y que rompiera tabús y límites. Un mundo en el que la moral y la rectitud estaban a la orden del día. Quizá “feminista” no sea la definición más adecuada para describir la obra de Chiyo Uno, pero es innegable que su papel como autora ayudó a reivindicar la figura de las mujeres japonesas dentro de espacios culturales principalmente masculinos, además de llevar un estilo de vida bohemio que contrastaba fuertemente con la imagen de la mujer japonesa de bien. La obra de Chiyo Uno (como ya os contábamos en la reseña de Ohan) es especial por varios motivos, pero yo me quedo con el atrevimiento y la fortaleza de su narrativa, directa, sin tapujos, tanto que incluso yo he sentido sonrojo en algunos fragmentos. Me parece todo un acierto que Alpha Decay recupere este libro. Confesiones de amor de Chiyo Uno es una reivindicación a la humanidad más descarnada y visceral. Un manifiesto que plasma con claridad que, a pesar de todo, en el fondo, somos humanos y nada más.

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