Homofobia en Japón: El marido de mi hermano, de Gengoroh Tagame

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No sorprenderá a nadie empezar esta reseña comentando que Japón no es el país desarrollado más tolerante respecto a la homosexualidad y las identidades LGBT. Este hecho impresiona aún más conociendo el pasado del país que tenía una mirada más abierta hacia esta orientación sexual. En el periodo Heian no sorprendían las relaciones amorosas entre hombres adultos y jóvenes en dinámicas parecidas a las que se tenían con los efebos en la antigua Grecia. También era corriente el amor entre hombres entre los monjes budistas y los samurais cuyas relaciones estaban reglamentadas en diferentes códigos como el nanshoku y el shudō que tan bien retrató Ihara Saikaku en su obra El gran espejo del amor entre hombres (Satori, 2013). Sin embargo, tras la Restauración Meiji, con la entrada al país de los valores occidentales la homosexualidad comenzó a ser mal vista hasta el punto de aprobarse a finales del siglo XIX una ley de sodomía como las existentes en la época en diversos países europeos.

El marido de mi hermano

Actualmente no quedan leyes que castiguen la homosexualidad, sin embargo el estigma continúa bajo la presión de una sociedad conservadora que sigue sin ver con buenos ojos la posibilidad del matrimonio entre personas del mismo sexo. No obstante, hay una brecha generacional que muestra que los jóvenes en Japón tienen una visión más abierta y progresista de las relaciones que ha hecho que recientemente el movimiento LGBT tenga mayor presencia en el debate público y que algunos ayuntamientos hayan empezado a dar reconocimientos a las parejas del mismo sexo.

El marido de mi hermano, publicado por Panini en dos volúmenes, ha sido un manga que ha irrumpido de manera estelar en el debate público japonés sobre los derechos LGBT. Publicado en 2014 por Gengoroh Tagame, esta obra ha sido el primer acercamiento del autor al manga mainstream, pues la carrera de Tagame como mangaka se había desarrollado con mucho éxito en el bara, un género que muestra relaciones homosexuales eróticas enfocado al público masculino con un estilo hipermasculinizado que lo aleja de las representaciones más comunes del yaoi como muestra su obra La casa de los herejes (La Cúpula, 2010).

El marido de mi hermano narra la historia de Yaichi, un padre separado con una hija pequeña que recientemente ha sufrido la pérdido de su hermano gemelo, Ryoji, que vivía en Canadá. Un día, Yaichi recibe la visita de Mike, un canadiense que se presenta como el marido de Ryoji y decide visitar el país para cumplir una promesa que le hizo a su difunto marido. La premisa es sencilla y a partir de ella asistimos a la convivencia de Yaichi y su hija Kana con Mike que se quedará una temporada en Japón describiéndonos en cada capítulo el día a día de los tres bajo la alargada sombra de la muerte de Ryoji, que generó unas heridas que tardarán en cerrarse.

El marido de mi hermano

Nos encontramos ante un manga costumbrista que destaca por su estilo ameno y el carisma de sus personajes. Leyendo la obra nos sentimos uno más dentro de la rutina de los tres protagonistas que nos muestra un Japón actual en el que la losa de los prejuicios continua vigente pero que poco a poco se va resquebrajando. El marido de mi hermano es un manga militante, y no se esconde de ello. Su principal objetivo es tratar la homofobia en la sociedad japonesa y cómo esta está enraizada en los ciudadanos. Para representarla Tagame construye tres personajes con puntos de vista divergentes.

Por un lado tenemos a Yaichi, un padre separado, pero todavía en su juventud, que se ha mostrado incapaz de lidiar con la homosexualidad de su hermano. No la rechaza activamente y tiene una visión relativamente tolerante pero sin darse cuenta arrastra ideas homófobas interiorazadas de las que empezará a ser consciente tras la irrupción de Mike en su vida. Mike, por el contrario, es un canadiense que vive su identidad de manera abierta. Representa los avances del movimiento LGBT en muchos países occidentales y su carácter expansivo y extrovertido será confrontado a un doble prejuicio. No podemos olvidar que Mike es un gaijin y por ello a la homofobia latente se le sumará la desconfianza que siente Japón hacia los extranjeros. Finalmente, Kana es la personificación de la mirada inocente y abierta de la niñez. Por su corta edad, Kana todavía no ha interiorizado los prejuicios sociales contra los homosexuales y los extranjeros y es por ello que se muestra desde el principio entusiasta ante el matrimonio que unió a su tío con Mike, al que rápidamente también comienza a tratar como un familiar cercano.

El marido de mi hermano

Asimismo el manga también es una representación del luto y de cómo lidiar con la muerte de un ser querido. Ryoji es un personaje que destaca por su ausencia pero que está de cierta manera presente a lo largo de los dos volúmenes de El marido de mi hermano. Mike viene a Japón a conocer el país natal de su marido lo que obligará a Yaichi a enfrentarse a la figura de su hermano gemelo, al que nunca comprendió y con el que, además, ya no puede reconciliarse. Este duelo por Ryoji será el desencandenante de un cambio en los personajes que permitirá al lector conocer cómo funcionan los mecanismos de la homofobia que se reproducen socialmente sin uno darse cuenta. Además, la historia está aderezada al final de los capítulos con los “cursos de cultura gay de Mike” que explican de manera pedagógica diferentes aspectos del colectivo LGBT.

Sería deshonesto pasar por alto que la lectura de El marido de mi hermano por un lector español genera una sensación ambivalente. Por un lado, como hemos desarrollado, asistimos a una historia muy bien construida con unos personajes tridimensionales que disecciona con precisión los prejuicios de la sociedad japonesa a la vez que transmite esperanza en los cambios futuros. Pero hay que remarcar que los debates que aborda el manga, en España van mucho más avanzados. La aceptación de las parejas afectivas homosexuales está más normalizada aquí y el tipo de representaciones positivas de personajes homosexuales como Mike empezaron ya a ser comunes en la ficción en España en los años noventa y principios de los dos mil. Además, el matrimonio entre personas del mismo sexo ya no es objeto de discusión política y las demandas LGBT están ahora centradas en muchos otros aspectos sociales. Es por ello que la lectura de esta obra deja una sensación al lector occidental de déjà vu. Sin embargo, la óptica japonesa le añade unas aristas que hacen valiosa su lectura para conocer la visión del país nipón sobre la realidad gay. Es por ello que El marido de mi hermano, junto a Sombras sobre Shimanami (Tomodomo, 2017) se erige como un referente de cómo la ficción puede ayudar a desterrar los prejuicios y empatizar con otras identidades y sus reclamaciones de derechos para que puedan vivir en igualdad y con dignidad.

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