El mangaka que controlaba el tiempo: Naoki Urasawa y 20th Century Boys

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El pasado mes de noviembre la editorial Planeta daba por finalizada la publicación en formato kanzenban de la obra de Naoki Urasawa, 20th Century Boys. Se trata de un seinen a medio camino entre el “slice of life” y la ciencia-ficción que en Japón se serializó en la revista Big Comic Spirits (ed. Shogakukan) entre 1999 y 2006. Entre 2004 y 2005 coincidió con la serialización de la otra obra más reconocida de Urasawa, Monster. Ambas obras son tan complejas y están tan bien hiladas que resulta difícil hacerse a la idea de que se estaban creando al mismo tiempo y por la misma persona, sin que ninguna de ellas afectara a la otra. Naturalmente existe el eterno debate de cuál de estas dos obras es mejor, pero eso es algo subjetivo.

En 20th Century Boys la vida es lo que sucede entre apocalipsis y apocalipsis.

Un aspecto de 20th Century Boys que convendría conocer de antemano es que en el manga Urasawa no sigue una única línea temporal. No tiene un punto de partida que va progresivamente hacia el final: a partir de cierto tomo nos vamos encontrando que, en lugar de ser una historia con una narrativa basada en flashbacks, Urasawa plantea un rompecabezas en el que las piezas son momentos en las vidas de los personajes. A priori puede sonar complicado, pero es cuestión de habituarse: una vez que se ha comprendido cómo funciona la narración, el lector será capaz de unir las piezas por si sólo sin demasiado esfuerzo.

20th century boys

Con esta forma tan peculiar de contar la historia, Urasawa pretende criticar a la sociedad actual en el sentido más amplio de la palabra, pues prácticamente ataca todos los aspectos de nuestro día a día moderno: la sociedad como el conjunto de la humanidad, el capitalismo exacerbado, la política tanto a escala local como global, la religión o el derrotismo colectivo. Pero también hay lugar para la alabanza, y el objeto de la misma es el ser humano: su capacidad para luchar, su instinto de supervivencia y la conciencia de comunidad en caso de catástrofe. Puede sonar a hipocresía ese contraste entre el derrotismo y la lucha, pero es uno de los aspectos que nos hace humanos: cuando los gobernantes fracasan, la población lo asume y se encoge de hombros, pero si en cambio sucede algo que pone en peligro las vidas de la gente (la citada catástrofe), la población se une casi de forma instintiva e intenta hacer frente a la adversidad.

20th Century Boys es una obra coral en la que todos los personajes son clave: funciona como un engranaje. Veremos a lo largo de la lectura cómo las acciones, emociones, los sueños, los triunfos, los fracasos y remordimientos que estos personajes viven en las diferentes líneas temporales, tienen consecuencias del pasado y en los sucesivos futuros. Una vez más, parece complicado, pero no lo es tanto gracias a que casi todos los personajes están presentes todo el tiempo (o en todos los tiempos) y son tan carismáticos que no se hace difícil recordarlos. Sin embargo, hay dos figuras clave (y luego están personajes como el de Kanna, que tira del carro siempre), los dos ejes de la trama: Kenji Endô y “Amigo”.

20th century boys

Kenji es el personaje ausente. La mayor parte del manga es un personaje del pasado y durante muchos tomos Kenji no está presente. Urasawa no muestra al lector toda la trama de Kenji, pero sí a los personajes que estaban con él. Son ellos quienes nos cuentan qué hizo o dijo entonces. Y además, están las consecuencias, que sí aparecen en el manga. El hecho de que sean las referencias a él lo que nos va llenando las lagunas en la trama de Kenji hace que tanto dicha historia como la narración de la misma no sea fiable. Al contar la historia que han vivido, los personajes tienden a tergiversar los hechos, a rellenar con invenciones propias para hacer más emocionante el cuento. La trama de Kenji, pues, contiene partes que no son fiables, de ahí que el personaje sea toda una leyenda.

La importancia del personaje de Kenji es su influencia sobre todos los demás personajes: en mayor o menor medida, para bien o para mal, es el personaje más influyente sobre las acciones y pensamientos de los demás. Tanto en el bando de “los buenos” como en el de “los malos”. Y el origen de esta influencia está en su infancia. Kenji es quien reúne al grupo de amigos y quien inventa prácticamente todas las predicciones del libro de las profecías. La historia de 20th Century Boys trata, a grandes rasgos, de uno de esos niños tomándose en serio el libro de las profecías. La figura de Kenji es clave hasta el punto de que es el héroe o el villano según quién nos dé referencias de él. Es un símbolo involuntario, una fuerza invisible que motiva a varias generaciones encabezadas por su sobrina, Kanna, que les conmina a alzarse contra el status quo creado por “Amigo” porque es lo que tío Kenji hubiera querido. Es la auténtica fuerza de la obra y parece enviar un mensaje: Estamos cansados pero seguimos en pie.

20th century boys

Y, claramente, la otra figura clave para entender 20th Century Boys es “Amigo”. Aquel que, de niño, se tomó demasiado en serio el juego de las profecías de Kenji. Es el antagonista que se come toda la obra y consigue, tomo tras tomo, obsesionar al bando de Kenji, al suyo propio y al lector a partes iguales. El misterio y el mito sobre su identidad y las razones de todo lo que hace y todo lo que representa es el arco principal que engloba toda esta magistral obra de Naoki Urasawa.

Pero… ¿Quién es Amigo? En realidad la identidad de “Amigo” carece de importancia. Da igual quién está detrás de la ya icónica máscara. Es secundario, lo que realmente importa es lo que representa su figura. Es el mal y la corrupción del ser humano. Es la humanidad en sí.  Es un cáncer que se extiende rápidamente y que acabará con la humanidad. “Amigo” somos todos, pues todos en mayor o menor medida somos responsables de lo que sucede en nuestra sociedad y también de lo que le sucederá al mundo. Somos quienes decidimos  el destino de la humanidad, consciente o inconscientemente, a nivel individual y como colectivo. Todos y cada uno de nosotros llevamos el bien y el mal dentro y son las convicciones, flaquezas y fortalezas y las circunstancias lo que determina de qué lado cae la balanza. Todos somos “Amigo” y, a pesar de ello, todos estamos convencidos de pertenecer al bando de Kenji, porque son “los buenos” de la historia.

Llama la atención el que esta obra esté llena de referencias culturales tanto propias de Japón (manga, programas de televisión, revistas, etc) como mundiales (principalmente música de los 60 y 70) pero apenas haya referencias al cine, a pesar de que es una obra cuya narración es puramente cinematográfica. Este manga podría trasladarse al cine o a una serie sin necesidad de cambiar una sola coma. También son muy claras las influencias de la propia historia del mundo. La más clara de todas ellas sería el alzamiento fascista en Europa. Y literarias: 1984 (George Orwell) y diversos libros sobre apocalipsis, profecías y teorías de la conspiración. Pero esto ya requeriría un análisis mucho más profundo de la obra.

20th century boys

De lo que no cabe ninguna duda es de que Naoki Urasawa es un nostálgico. Crea diversos futuros como excusas para hablar del pasado y de su propia infancia. Esa infancia idealizada que sirve como refugio cuando el presente no nos gusta y el futuro es incierto. Y como apoyo a esta teoría cabe preguntarse ¿Es casual el increíble parecido del mangaka con el personaje de Kenji? Juzguen ustedes mismos.

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