“No añoro mi juventud”: Kurosawa recuperando a la izquierda

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Algo en lo que no tengo que insistir mucho es que Kurosawa Akira (junto a Ozu y Mizoguchi) es uno de los directores más notables y celebrados del cine japonés de posguerra. No obstante, estoy dispuesto a recuperar algunas de sus películas menos conocidas, algo que llevo un tiempo queriendo hacer en reivindicación de las “otras facetas” de los directores de esta época. Estando acostumbrados a sus películas de época (jidaigeki), en las que adapta grandes clásicos de la literatura al contexto samurai, es el momento de revisitar una de sus obras que creo más olvidadas, la cual se mueve en una dirección totalmente diferente. No añoro mi juventud es una película de 1946 en la que Kurosawa nos hablará de los conflictos políticos de la época del militarismo japonés. Movido por el ímpetu de cambio de la posguerra japonesa, el director intentará rescatar a algunas de las figuras que lucharon por frenar el avance del ultranacionalismo.

La película nos sitúa en Kioto en 1933 y seguimos a unos estudiantes de su universidad junto a la protagonista, Yukie (Setsuko Hara), cuyo padre ha sido expulsado de su puesto como profesor debido a las preocupaciones del Ministerio de Educación por sus enseñanzas. Esta trama, que desarrollará 10 años de la historia del país, comienza narrando un hecho real, el Incidente Takigawa, en el que se acusa a este profesor universitario de utilizar el pensamiento marxista en sus escritos, haciendo que fuese perseguido en un momento en el que la izquierda japonesa estaba viviendo más cruelmente este destino. El ejemplo más claro del mismo sería que ese mismo año, el autor Kobayashi Takiji, uno de los mayores representantes de la literatura proletaria, sería asesinado por las autoridades.

No añoro mi juventud nos mostrará que ante estos hechos algunos colectivos estudiantiles estaban dispuestos a luchar por la libertad académica. En una de las escenas más llamativas de la película, en la que Kurosawa empieza a mostrar su habilidad para narrar una historia a través del movimiento, veremos la intensa lucha entre antidisturbios y estudiantes en la facultad tras el intento de tomarla para protestar contra los movimientos ultranacionalistas del gobierno. No obstante, esto no solo se trata de una lucha frente al hecho de la expulsión de un profesor, a través del protagonista masculino, Noge (Susumu Fujita), veremos cómo esto tiene un calado mucho más hondo, desde el principio comentando las injusticias del Incidente de Manchuria y del intento de expansionismo de Japón en China. Habiéndose involucrado en movimientos de disidencia y participado en las protestas estudiantiles, Noge será apresado y pasará 5 años en prisión hasta su presunto tenkō, la renuncia a la ideología marxista para poder ser liberado; algo común en la izquierda japonesa de los años 30. El aire antibelicista de la izquierda japonesa en esta película, aunque influenciado por los aires democráticos de la posguerra, no está lejos de ser real, el Partido Comunista Japonés en clandestinidad trataba por todos sus medios liderar una lucha contra el expansionismo y el belicismo. En 1946 con un Japón que acaba de salir de la guerra, Kurosawa está intentando recuperar el clima de la década anterior, poniendo en valor a aquellas personas que serían silenciadas y reivindicando la lucha de una izquierda perseguida, restituyéndola en la historia.

No añoro mi juventud 1

Lo que no podíamos esperar, a priori, de una película de este tono y de Kurosawa, es que en todo momento estemos siguiendo la visión de un personaje femenino, algo que no es nada común en el director. Yukie es un personaje tremendamente complejo, una mujer que nace en un contexto privilegiado y que en un principio desprecia cualquier conversación sobre la política del país con los alumnos de su padre. No obstante, tras el Incidente y ver la convicción política de personas como Noge, está dispuesta a trascender su destino, está llamada a hacer algo importante en su vida y liberarse de una vida aburrida en el matrimonio. A pesar de esto, vivirá en una lucha continua entre las restricciones de la época y de las propias dinámicas de género del país y el intento por buscar este destino. Con todo, ese destino solo está ahí para ella de manera parcial, no se termina de manifestar más allá de ser acompañante, compañera de. Esto daría para una conversación larga y tendida sobre cómo se resuelven estas contradicciones. Sin embargo, creo que debemos quedarnos con el intento de Kurosawa de poner la discusión sobre la determinación de romper con una profecía autocumplida y con la descripción de la situación en sí misma, la posición en la que se encontrarían muchas mujeres de los ambientes de izquierdas y de la que intentaban escapar.

No añoro mi juventud 2

Este hecho será especialmente relevante en los últimos 30 minutos de la película, pero, con la esperanza de que en algún momento tengáis la oportunidad de verla, no voy a comentar más allá de las premisas de la misma y su contexto. Creo que No añoro mi juventud es una historia necesaria e interesante para la época en la que vio la luz y para la actualidad, principalmente para no olvidar las luchas. Hay un momento en ella en el que Noge afirma: “En 10 años, Japón recordará lo que hemos hecho y nos lo agradecerá”. Kurosawa intentó hacerlo, creo que mucha gente también, pero puede que nos encontremos frente a la tragedia de que, a una década del cumplir el siglo después, ahora ya no esté en la mente de la mayoría.

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About Author

Graduado en Estudios de Asia Oriental (US). Programa Global Studies in Asia (UTokyo). Máster con especialización en Lengua, Literatura y Cultura Japonesas (UGR). Redactor en la web Peso del Aire en la que hablaremos sobre preocupaciones en torno a cómo entendemos Japón.

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