Kitagawa Utamaro y el shunga

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A la hora de abordar el género erótico en el arte japonés, más conocido como shunga, es inevitable hacer una comparación entre la visión del desnudo en oriente y occidente. En occidente, el cristianismo generó una mentalidad de represión respecto al desnudo y al sexo, recluyéndolo a la esfera matrimonial y únicamente con el objetivo de la procreación. Esta reprobación moral estimuló la elevación del cuerpo desnudo a la categoría de arte ya que de esta manera, bajo pretensiones púramente artísticas, se permitía la mirada del cuerpo desnudo sin sufrir consecuencias. Es por ello que en la pintura occidental siempre ha proliferado la ambientación mitológica grecorromana, donde el cuerpo desnudo se mostraba representando una época en la que todavía no se había fundado el cristianismo. Sin embargo, en Japón, las religiones dominantes no habían generado un tabú en el desnudo ni en la sexualidad, por lo que en la historia del arte japonés la representación del cuerpo no ha sido nunca central, y cuando se ha mostrado raramente solía ir acompañado de una intencionalidad erótica. Sin duda, esto ha generado grandes divergencias en el arte erótico occidental y el japonés.

Como ya relatamos en el artículo dedicado a Hiroshige, el ukiyo-e (imágenes del mundo flotante) ha sido la representación artística más consagrada y valorada en el país. Estas estampas empezaron a proliferar a principios del período Edo (1603-1868) en paralelo a los cambios que sufrió el país. En 1600 las tropas de Tokugawa Ieyasu vencen en la batalla de Sekigahara lo que le convierte en el primer shogun que concentraba todo el poder político del país, convirtiendo al emperador en una figura ornamental. El nuevo shogunato fijó la capitalidad en la ciudad de Edo (la actual Tokio) e impuso una nueva jerarquía social en la que las clases artesanas y mercantiles (chōnin) empezaron a proliferar gracias a la creciente concentración de la población en núcleos urbanos que favoreció el crecimiento económico del archipiélago. Estas nuevas clases urbanas fomentaron una nueva cultura en las ciudades muy orientada hacia el placer. Es por ello que el término budista ukiyo, cambió de significado hasta representar el antes nombrado mundo flotante, un mundo en el que el hedonismo, el ocio y el placer pasajero eran la norma y cuya cotidianeidad acabó siendo representada por las estampas que conocemos como ukiyo-e.

shunga

Evidentemente, en poco tiempo estas representaciones pictóricas del hedonismo tuvieron una corriente erótica que pivotó sobre las representaciones de los burdeles que se instalaban en las ciudades, el floreciente mundo de las geishas y el teatro kabuki. Al principio esta rama de la estampa fue conocida como makura-e o imágenes de almohada pero en el siglo XIX se modificó el nombre a shunga (imágenes primaverales) que se vendían en los barrios de placer de las ciudades. El shunga fue muy popular hasta el siglo XIX cuando la aparición de la fotografía desbancó este tipo de estampas. El shunga solía mostrar relaciones sexuales que ocurrían en los barrios de placer entre un hombre y una cortesana. Raramente había desnudez, ya que como hemos comentado anteriormente este hecho no aportaba ningún tipo de fascinanción a la sociedad japonesa y la mujer solía ser presentada de manera puramente pasiva. Asimismo, el shunga tuvo vertientes homosexuales que también replicaban el dualismo activo/pasivo de la penetración. En las estampas lésbicas era común el uso de dildos y se representaban sirvientas, geishas y en general mujeres salidas de las fantasías masculinas. En las representaciones entre hombres el coito anal era hegemónico y había una mayor variedad de personajes como samuráis, actores de kabuki, prostitución masculina o monjes budistas.

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La popularidad de la compraventa de shunga convirtió esta rama del ukiyo-e en un negocio muy lucrativo (se vendían en álbumes de doce imágenes) y la mayoría de maestros de la estampa japonesa lo cultivaron como Hokusai y su célebre El sueño de la esposa del pescador o Hiroshige que ilustró varios libros eróticos. Sin embargo, Utamaro fue uno de los principales maestros del ukiyo-e que más y mejor cultivó el shunga hasta el punto de ser conocido como el pintor de las casas verdes. Utamaro nació en 1754 y se formó en el arte del ukiyo-e como discípulo de Toriyama Sekien. Desde el principio de su carrera destacó por sus bellas y famosas representaciones de la belleza femenina en retratos conocidos como bijin-ga. También fue conocido por una serie de libros ilustrados en los que representaba distintos tipos de insectos. Desde el principio Utamaro fue reconocido por sus diversas estampas en los barrios de placer de Japón. Tanto sus retratos de mujeres como las escenas eróticas que producía se enclavaban en burdeles, casas de placer o casas del té. Su dominio de la figura femenina así como sus cualidades cromáticas hicieron que fuese junto a Hiroshige y Hokusai uno de los pintores más reconocidos en occidente durante la fiebre del japonismo entre los pintores impresionistas y postimpresionistas.

Una de sus primeras incursiones en el shunga fue la creación del álbum ilustrado Rocío en el crisantemo (Ehon kiku no tsuyu) en 1786. Esta obra en blanco y negro ya muestra el interés de Utamaro por la mujeres bellas de los barrios de placer y muestra la iniciación sexual de diversas parejas donde podemos ver cómo el autor juega con el marco de las estampas y con la composición de cada par. En 1788 Utamaro produce su conjunto de shunga más famoso: El poema de la almohada (Utamakura). Estas 12 estampas vienen acompañadas de dos breves historias que narran una escena entre amantes en un estilo y formato muy parecidos a otros utamakura clásicos. Las estampas muestran las relaciones sexuales de diversos amantes en los que destacan ya la calidad de Utamaro para jugar con el cromatismo y el contraste. Al observar la obra se destaca el uso del rojo en las ropas íntimas de la mujer para acrecentar el sentimiento de pasión de las escenas recreadas y el tamaño de los genitales que rompe la proporción que Utamaro plasma a las figuras. Asimismo, destaca la última estampa que representa a una pareja de occidentales, un hecho infrecuente en la tradición shunga.

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Once años más tarde Utamaro compone otro álbum de doce estampas conocido como Preludio del deseo (Negai no itoguchi) en el que el artista mantiene su experimentación con el color dotando a la gestualidad y al cuerpo de los amantes de una mayor voluptuosidad a la vez que refina la representación de las prendas de ropa y del espacio en el que habitan los cuerpos. En 1800 se publica Ciruela de la alcoba (Ehon toko no ume) bajo la técnica del benigirai que implica la omisión completa de las distintas tonalidades del rojo en la composición. Las escenas vienen acompañadas de diferentes textos del escritor satírico Shikitei Sanba. Se mantiene el estilo de Preludio del deseo al focalizarse Utamaro en las expresiones de placer de los amantes y en la importancia de los ropajes. Es de destacar que en esta serie varias estampas incluyen escenas sexuales con desnudos completos.

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Abrazo de Komachi (Ehon komachibiki) se publica en 1802 y ofrece un cambio en las proporciones clásicas de la obra de Utamaro. Esta vez estamos ante estampas más amplias a razón de una estampa por página en vez de dos. Gracias a ello Utamaro se permite acompañar las escenas de una mayor cantidad de texto y diálogos para convertir las representaciones en pequeñas historias donde el humor hace acto de presencia y se evocan infidelidades de la mujer respecto al marido. Finalmente, en 1803 sale a la luz Bebedor risueño (Ehon warai jogo) que vuelve a la clásica distribución de dos estampas por página. Este conjunto es muy famoso por el prólogo firmado por la ficticia mujer de Utamaro dirigido al editor donde explica que se ha encargado de finalizar dichas estampas y que lamenta el carácter demasiado explícito y turbador de la obra. La obra evidencia el dominio del artista de los elementos cromáticos, sobre todo el púrpura y el rojo. Además cada par de estampas sigue una curiosa técnica de perspectiva por la cual una de las dos atrae la atención hacia los genitales y la otra se centra en los rostros y expresiones de los amantes.

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(La mayoría de imágenes han sido obtenidas del archivo digital del British Museum)

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