Yoshitaka Amano, el ilustrador de la ciencia ficción

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Siempre dejo volar mi imaginación. He soñado con ovnis y con objetos voladores como globos aerostáticos o zepelines. De niño quería convertirme en inventor y crear máquinas capaces de moverse en el aire. Por ejemplo, en mis libros escolares o en folios, creaba planos de coches voladores sin ruedas o diseños de naves espaciales etc. E imaginaba formas futurísticas y creaba nuevas máquinas.Yoshitaka Amano, The Illustrated Biography – Beyond the Fantasy (2018)

Hablar de Yoshitaka Amano es hablar de uno de los artistas e ilustradores japoneses más prestigiosos de la actualidad. Influido por la cultura popular japonesa y el arte occidental de finales del siglo XIX, su obra es un hito en la ilustración de la ciencia ficción y la fantasía, tanto en la animación, el manga, las novelas y los videojuegos. Su peculiar y único estilo en el que destacan sus figuras de forma de alabastro estilizadas con ropajes exóticos y paisajes lúgubres tecnificados le han hecho trascender el campo de la cultura popular para consagrarlo como uno de los artistas más brillantes en su país. En este artículo vamos a hacer un repaso a su recorrido vital y profesional para adentrarnos en su universo pictórico inagotable.

Yoshitaka Amano

Yoshitaka Amano nació en 1952 en la prefectura de Shizuoka. Su padre, Yoshio Amano, era un famoso artesano en la región especializado en el laqueado japonés de la tradición Suruga por lo que siempre ha vivido rodeado de obras artísticas y decorativas creadas por su padre. Amano demostró un interés precoz de niño por la ilustración a pesar de no asistir a clases de arte en la escuela. Su inspiración la extraía de las cubiertas ilustradas de novelas y revistas en tiendas kashibon. Amano era un lector voraz de manga, sobre todo de las obras de Osamu Tezuka, Soji Yamakawa, Tetsuya Chiba o Shôtarô Ishinomori, así como las ilustraciones de Shigeru Komatsuzaki que forjaron su gusto por las ambientaciones de ciencia ficción que marcarían su posterior carrera.

En 1967 una visita a un amigo en Tokio marcaría el inicio de su carrera. Determinado a trabajar como artista en un estudio de animación, pudo visitar el estudio de animación Tatsunoko Productions que en ese momento trabajaba en la serie de ciencia ficción Speed Racer y enseñarles sus ilustraciones y unos meses después se mudó a la capital para trabajar con ellos. Tenía solo quince años. Como animador, sus primeros trabajos en Tatsunoko fueron las series Judo Boy, Kashi no ki Mokku, Science Ninja Team Gatchaman o Casshan. En los setenta su carrera en el estudio se consolidó con su trabajo en obras de éxito como Hurricane Polymar, Tekkaman the Space Knight o la famosa Time Bokan de la que se encargó del diseño de personajes. Time Bokan fue un punto de inflexión para él por el desgaste psicológico que implicó la presión del timing que le hizo ser consciente de que no servía para el trabajo de animador en una oficina con horario fijo.

Yoshitaka Amano

Yoshitaka Amano decide romper con Tatsunoko Productions en 1982 y comenzar su carrera como artista freelance. Tras quince años trabajando en el estudio ya contaba con reconocimiento en el sector de la animación y quería abrirse a otros campos que además le permitiesen una rutina de trabajo menos encorsetada que no limitase su creatividad. Intentó vender sus ilustraciones a medios impresos y tras un intento fallido de ilustrar cuentos de hadas occidentales consigue que la revista S-F Magazine le abriese las puertas a sus ilustraciones y amplió su carrera esta vez en la ciencia ficción literaria. La revista, fundada en 1959, era una de las principales puertas de acceso de la ciencia ficción anglosajona al lector japonés. Se publicaron en esa época autores de la talla de Isaac Asimov, Robert Heinlein, Walter M. Miller Jr. o Stephen King así como mangakas del género como Tezuka, Ishinomori o Leiji Matsumoto. Amano consiguió una sección periódica en la revista llamada Twilight Worlds donde asentó su personal estilo de dibujo y le valió el reconocimiento artístico del medio literario con decenas de encargos de portadista para novelas de autores de fantasía y ciencia ficción como Michael Moorcock, Tanith Lee, Mariko Ohara, Edogawa Ranpo o famosas series de novelas como The Heroic Legend of Arslan y Vampire Hunter D.

Yoshitaka Amano

Yoshitaka Amano

Vampire Hunter D es una serie de novelas que empezaron a publicarse en 1983 y en 2020 cuenta con más de cuarenta libros e historias cortas. Desde el principio Yoshitaka Amano se ha encargado de las ilustraciones de la saga y tras más de treinta y cinco años se ha convertido en una de las obras más populares de Amano por sus diseños de personajes, en particular por el protagonista, D, un dhampiro (mitad vampiro y mitad humano) con su icónico largo sombrero negro y sus ropajes estilizados. La historia tiene lugar en un futuro postapocalíptico en el que la nobleza formada por vampiros desató una guerra nuclear para sojuzgar a los humanos. La obra de Kikuchi cuenta con gran reconocimiento en Japón y en gran parte se debe a los diseños de Amano en los que ya se observa una madurez técnica y el estilo que caracterizará en el futuro al artista: figuras estilizadas casi fantasmagóricas que beben de la tradición del Art Nouveau europeo así como un cuidado estilo de las prendas de ropa a las cuales Amano imprime un movimiento y una forma muy trabajadas. Sin olvidar los paisajes fantásticos en los que destacan construcciones imposibles y gran cuidado del detalle y el color inspirados en el impresionismo francés y el expresionismo alemán.

Yoshitaka Amano

En 1985 Yoshitaka Amano decide unirse a Mamoru Oshii, una joven promesa de la animación que venía de hacer la serie Urusei Yatsura y que más tarde conseguiría el prestigio internacional con su adaptación de Ghost in the Shell, para crear Tenshi no Tamago, una obra inclasificable y onírica que se ha erigido en una obra de culto. Amano se encargó de toda la parte visual y conceptual con una libertad artística que hace de esta película una de sus obras audiovisuales más espectaculares. Resulta imposible resumir la trama de este artefacto narrativo por lo simbólico e inasible que resulta. Con una ambientación gótica y de art nouveau seguimos a una niña que encuentra un huevo de gran tamaño que decide proteger con su vida mientras deambula por una ciudad abandonada. Por su riqueza metafórica a la que Oshii imprimió sus preocupaciones religiosas y metafísicas y por su factura visual Tenshi no Tamago es un hito en la carrera de Yoshitaka Amano.

Yoshitaka Amano

Un par de años después llegaría una de sus colaboraciones más famosas que continúa hasta la actualidad y ha sido, quizá, la que ha conseguido que su arte sea conocido en todo el mundo: la saga de videojuegos Final Fantasy. En 1987, un joven desarrollador de videojuegos llamado Hironobu Sakaguchi estaba reuniendo un equipo para hacer realidad una obra en la que llevaba tiempo trabajando y en la que había depositado grandes esperanzas. Final Fantasy I se creó como la gran apuesta de Square en el género RPG para poder rivalizar con Dragon Quest, el también famoso RPG de Enix. Y de la misma manera que Dragon Quest contaba con un ilustrador reputado como es Akira Toriyama, Sakaguchi también quería que el arte de Final fantasy tuviese una personalidad única. Tras hablar de estas cuestiones con su equipo rápidamente el nombre de Yoshitaka Amano se puso encima de la mesa. Desde Final Fantasy I hasta Final Fantasy VI, la etapa de Nintendo, Amano se encargó del diseño de logos, personajes, monstruos y jefes finales, así como del arte conceptual e ilustraciones especiales que acompañarían la salida de los videojuegos. El equipo de Sakaguchi configuraba la trama, las características de los personajes y la ambientación de los escenarios y a partir de este material, Yoshitaka Amano diseñaba los elementos visuales que imprimieron una personalidad muy marcada a la saga en una época, recordemos, en que la NES y la SNES no contaban con suficiente potencia gráfica para ambientar por sí mismas un videojuego. Sin duda, repasando esta primera etapa podemos observar que la personalidad propia del artista está ya completamente asentada y el equipo de Square tuvo el acierto de darle libertad creativa para hacer cobra vida unos personajes como Cecil, Kain, Rosa, Kefka o Terra que forman parte ya del imaginario colectivo de los gamers.

Yoshitaka Amano

Yoshitaka Amano

En 1997 la saga Final Fantasy, debido a discrepancias con Nintendo, se muda a las consolas de Sony, en las que continúa en la actualidad, lo que marca también un cambio de etapa en la relación de Yoshitaka Amano con el diseño y el arte de los videojuegos. Ese año se publica Final Fantasy VII, la entrega más popular de la saga. Con el salto a PlayStation y a los gráficos 3D, Amano deja de encargarse del diseño de personajes que pasa a un joven Tetsuya Nomura que había empezado a trabajar en Square con Final Fantasy IV. A partir de Final Fantasy VII el diseño de personajes y de arte pasaría a manos de otras grandes figuras como el propio Nomura, Yusuke Naora, Toshiyuki Itahana, Akihiko Yoshida o Isamu Kamikokuryo. A pesar de esto, Sakaguchi y los posteriores directores siguieron confiando en Amano para el diseño de los logos de cada videojuego, así como ilustraciones especiales de los personajes con el sello inconfundible del artista para seguir dando una continuidad estilística y formal a cada juego. Curiosamente, pese al menor peso de Yoshitaka Amano en Final Fantasy, es la única figura de primer nivel que ha participado en todas las entregas principales de la saga.

Yoshitaka Amano

A finales del siglo XX y principios del XXI, aparte de su trabajo en Final Fantasy y en las novelas Vampire Hunter D, las colaboraciones de Yoshitaka Amano se han abierto a nuevos campos de la cultura en occidente gracias al éxito de su exposición Think Like Amano en 1997 en el SoHo de Nueva York donde además abrió un estudio. A su exposición acudieron miembros de DC Comics que le propusieron trabajar en la famosa obra The Sandman de Neil Gaiman que se materializaría en el spin-off The Sandman: The Dream Hunters así como colaboraciones con otras entregas de DC para Superman y Batman y una obra de tres volúmenes para Marvel llamada Elektra and Wolverine: The Redeemer. Asimismo, ha seguido ilustrando novelas como Taitei no Ken, la trilogía Lionboy o La novela de Genji de Murasaki Shikibu, cuya adaptación goza de gran popularidad. En el campo audiovisual sus trabajos han sido más esporádicos. En 2007 creó el anime Yasai no Yousei: N.Y. Salad y el 8 de julio de 2020 se estrena Gibiate, un anime original del que es productor y diseñador de personajes. Sin embargo, lo más importante es que, a lo largo de los últimos años, se han multiplicado sus exposiciones por todo el mundo y se han publicado decenas de catálogos de su obra artística que demuestran cómo un joven ilustrador apasionado por la ciencia ficción y la fantasía sin formación reglada se ha convertido en uno de los artistas japoneses más respetados de la actualidad.

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